ECOLOGÍA – TEOLOGÍA – SAGRADA ESCRITURA. Un trinomio imperativo en la actual crisis socio-ecológica

2 06 2015

Por Richard Acosta Rodríguez

Diluvio siglo XXI d.C.: el ser humano ¿El “satán de la Tierra”?

Las actuales generaciones y las venideras afrontan una problemática inaplazable, los signos de los tiempos señalan la existencia de una crisis real, de vida o muerte, que ha sido suficientemente sustentada por las ciencias naturales y sociales: la crisis medioambiental provocada por la acción del ser humano, la especie sapiens de la biósfera. Por primera vez la humanidad en su evolución se ve avocada a “frenar” o por lo menos disminuir su carrera consumista-depredadora desatada principalmente desde la Revolución Industrial y que ha llevado al planeta a los límites de un nuevo cataclismo en menos de 300 años.[1] En efecto, la especie homo[2] se ha constituido en la primera capaz de provocar un cataclismo global,[3] precisamente la única de entre todas las criaturas que fue pensada[4] y gestada a imagen y semejanza de la Comunidad Trinitaria y a la que el Hacedor le dio la orden, más bien “bendición”,[5] de “dominar”, de “someter” su creación.[6]

Es innegable que la creación de Dios, trabajo amoroso y paciente de miles de millones de años, se encuentra en grave peligro, como también lo es, que lo está por causa de la “maldad” humana, situación que recuerda el relato del Diluvio[7]. Hoy pesan las duras palabras de YHWH donde reconoce la responsabilidad humana en la tragedia de la creación:

“Viendo Yahvé que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, le pesó a Yahvé de haber hecho al hombre en la  tierra, y se indignó en su corazón. Y dijo Yahvé: «Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado -desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo-, porque me pesa haberlos hecho… La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias. Dios miró a la tierra y vio que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con todo viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra…” (Gn 6,5-7.11-13).

¿Se ha convertido el ser humano en el “satán de la Tierra” [8]? Veamos:

  • Por causa del actuar humano, la temperatura pronto aumentará 2ºC.
  • Hay una fuerte correlación entre el incremento de las temperaturas y la intensificación de los fenómenos climatológicos externos como sequías, huracanes (el número de huracanes de categoría 4 y 5, se ha duplicado en los últimos 35 años), inundaciones (si un sistema de drenaje está diseñado para responder a 1,5 pulgadas de lluvia en 24 horas, y llueve 9 pulgadas se destruye la agricultura, se afecta el modo de vida, trae consecuencias los recursos, se afecta el equilibrio en el mar).
  • Estos fenómenos impacta sobre el sector más vulnerable del cambio climático: la agricultura (entiéndase escasez, carestía, desempleo, hambre,). Si la temperatura cambia, la producción agrícola también cambia.
  • Los extremos sequías-inundaciones, por ejemplo en el Amazonas, está acaeciendo graves daños sobre la selva más importante del planeta, sobre ¼ de la extensión de selva en el mundo; se calcula que el Amazonas se reducirá entre un 30% y un 50% en su extensión, las cuales serán sustituidas en sabanas tropicales.
  • Si la temperatura del mar sigue en aumento, miles de especies marinas morirán, los ecosistemas se alterarán, el sistema de refrigeración del planeta se obstruirá; se causará una grave afectación en las dinámicas medioambientales que terminarán afectando al mismo hombre.
  • Entre los años 1500 y 2000, el ser humano deterioró del medio ambiente llevándolo a su límite; ha acabado con las especies y ha hecho un daño irreparable en la biosfera[9]; ha exterminado el 20% de todas las especies y ha devastado una quinta parte de toda superficie cultivable.

Y si lo anterior no pinta nada alentador, el panorama es más grave aún en las naciones oprimidas (mal denominadas subdesarrolladas o en vía de desarrollo, como si desarrollarse implicara la depredación del entorno y del otro), donde los gobiernos implementan políticas, nada compasivas con el pobre y con el medio ambiente; lejos de esto, dichas políticas resultan ser favorables para las multinacionales, la industria, el supuesto “desarrollo”. Así las cosas, la problemática deja de ser meramente ecológica y pasa a ser más bien socio-ecológica.

En efecto, en el Continente de la Esperanza priman megaproyectos como la minería, los hidrocarburos, la concentración de tierras, la explotación de recursos a manos de empresas transnacionales, las concesiones, la exploración petrolera, los proyectos hidroeléctricos y muchos más,[10] políticas para su ejecución requieren de una doble afectación ambiental-humana: por un lado, de la contaminación de los elementos (agua, tierra, aire), del acaparamiento y consecuente escasez de los recursos, de la eliminación de los ecosistemas, los bosques y las especies, de la agresión al equilibrio medioambiental, configurando un atentado a la vida de miles de especies que habitan el planeta, incluida la humana; y por otro, de la afectación principal de las mayorías pobres del planeta representadas en grupos, comunidades, familias, campesinos, etnias, comunas, favelas, etc., todos en situación de franca desventaja pues son quienes reciben el primer y más duro impacto de dichas políticas, reflejadas en expropiación de tierras, movilidad humana, desplazamiento, arrebatamiento de recursos de sustento, cambio de dinámicas relacionales con la tierra, contaminación de sus fuentes de trabajo, desnutrición, hambre, enfermedades y muerte.

Este nuevo estadio de conciencia mundial frente a la incertidumbre por el futuro de la vida está cambiando las maneras de pensar, ha empujado al ser humano a replantear las dinámicas relacionales para con el planeta moviendo organizaciones, grupos sociales, instituciones, incluso gobiernos e industrias a realizar pronunciamientos y tomar medidas con el fin de paliar –infructuosamente aún- las consecuencias de haber devastado el oikos,[11] único lugar habitacional de los hechos a semejanza de su Creador.

Ante esta crisis innegable se levanta como bandera y solución a la problemática el llamado desarrollo sostenible, aparente posibilidad de continuar los niveles de desarrollo y consumo garantizando a la vez las condiciones medioambientales y sociales mínimas vitales; para otros, simple falacia de las potencias y multinacionales, pseudo-alternativa que pretende mantener la carrera desarrollista y, a la vez, apagar las alarmas de la evidente crisis ecológica. Con el supuesto desarrollo[12] sostenible se trata de que el desarrollismo no se vea afectado, interrumpido o limitado por la crisis medioambiental.

Si en la discusión “sostenible” no se contempla el minimizar los niveles de desarrollo, industria, contaminación y consumo, sobretodo de los agentes que mayoritariamente los generan, y a la vez se pretende disminuir las consecuencias ambientales y sociales, la situación, antes que sostenible resultará más bien insostenible, esta lógica será más bien una ilógica, pues mantener el desarrollo y crecimiento económico de las naciones y grupos poderosos, tal como está concebido actualmente, sólo es posible con el detrimento del planeta, la explotación indiscriminada de los recursos y, sobretodo, con la sostenibilidad de la pobreza y la miseria de las mayorías,[13] pues “los niveles de desarrollo y consumo de los pueblos más ricos solamente son posibles si se mantiene esta desigualdad radical en el seno de la humanidad, pues los recursos del planeta no son de hecho suficientes para que esos niveles sean universalizados”.[14]

Si se ha de hablar de sostenibilidad deberá hacerse pensada desde el bienestar de todo el género humano y desde la viabilidad planetaria, con lenguaje y acciones inclusivos, libre de falacias o paliativos solapados; se ha de hablar de sostenibilidad medioambiental, social, justa y dignificante, de sostenibilidad para la comunidad cósmica, pues sin ésta no es posible ninguna otra.

Y la teología ¿tiene algo que ver en este panorama desolador?

Es apenas evidente que la situación es dramática e imperativa para la humanidad, que es determinante afrontarla para continuar existiendo. Es así como un sinnúmero de ciencias, disciplinas, tecnologías, organizaciones, compañías, medios de información y comunicación vienen pensando la crisis ya desde hace algún tiempo y están haciendo esfuerzos ingentes por tratar de encontrar una salida o al menos un paliativo a tan caótico problema.

Incontables son las iniciativas, proyectos, investigaciones, inventos y campañas al respecto, pues cada vez hay mayor conciencia de que la ambición humana y su injusticia, es decir, su maldad, al imprimir el duro azote sobre el otro, su hermano, impone a la vez una carga insoportable sobre el Planeta, y viceversa, la afrenta implacable contra la creación trae graves consecuencias sobre los menos favorecidos. De ahí que la crisis ecológica sea también crisis social, ética y espiritual.

Todo este panorama se configura en los nuevos signos de los tiempos, espacios desde los cuales las voces de la humanidad y el cosmos al unísono claman por el salvamiento de la Tierra y de la misma raza humana.

Este grito, que no termina de ser escuchado, reclama la participación también de la reflexión teológica de tal forma que interpele al género humano para que ya no obre como ente depredador-arrasador de todo cuanto encuentra a su paso, incluso de su hermano mismo, sino para que le ayude a hallar su lugar como parte de una inmensa red de relaciones dinámicas, dependientes e interdependientes, en movimiento, de fraternidad-sororidad con el planeta que habita. Le corresponde a la reflexión teológica, incluso, redimir la cosmovisión cristiana heredada e impuesta desde la modernidad que distorsionó la designación del hombre como “dominador”-“sometedor”[15] del Génesis y la entendió y predicó como sinónimo de depredación.

Sin embargo, muy por el contrario, la ciencia de la fe no se pronuncia aún como le corresponde. En no pocos casos se siente atada por el temor a ir más allá del límite académico y de los marcos epistemológicos establecidos o simplemente se preocupa por permanecer en los lineamientos canónicos “ortodoxos” ordenados por los tradicionalismos que pueden, a la final, resultar más cómodos; está desperdiciando el invaluable potencial integrador y transformador que tiene en su haber y que podría aportar significativamente al tema de esta reflexión.

Es imperativo afirmar que la apuesta por contribuir a esta emergencia es también competencia de la teología, ciencia que no puede cerrar los ojos a su responsabilidad ante esta situación pues, en su debido momento fue promotora también de la actividad desarrollista por medio de la interpretación dominante-desarrollista de ciertos textos bíblicos; también porque se trata de una crisis que afecta no solo la supervivencia de la especie humana sino la existencia digna de los más pobres, de los grupos socio-económicamente oprimidos, es su responsabilidad “decir” cuando el hombre está en peligro, sobretodo el “pequeño” del Señor; además, porque no se puede seguir permitiendo el axioma que califica el pronunciamiento teológico de retardario, anacrónico o reactivo ante las problemáticas vitales, dramáticas y sensibles por las que atraviesa el género humano y el medio que le alberga.

En efecto, tradicionalmente la teología (cristiana) se ha preocupado más por el desarrollo de la reflexión eclesiológica, cristológica, exegético-hermenéutica, soteriológica, escatológica, etc., pero no le ha dado la real importancia al “lugar” desde donde ella se hace posible, el lugar que le ha proporcionado los recursos para comunicar la Palabra, donde se celebra la liturgia y se congrega la Iglesia, desde donde se gesta la salvación y se inaugura el Reino, donde aletea el Espíritu Paráclito. Definitivamente, la teología (cristiana, no así las orientales, menos aún las indígenas-animistas) tiene una deuda inmensa con la Creación en su reflexión pero sobretodo en su defensa, más cuando en su momento contrapuso lo sobrenatural y lo natural, y enseñó a huir de lo material, de lo profano por considerarlo malo, contrario a lo espiritual, a lo estimado por Dios.

Si es verdad que la teología funge como mediadora entre la cultura, las dinámicas humanas y el significado-función de una religión dentro en ella,[16] si debe satisfacer la necesidad de la afirmación de la verdad del mensaje cristiano y su interpretación para cada nueva generación,[17] se entiende entonces que la teología se mueve y se recrea conforme las transformaciones de la cultura, que tiene un valor dinámico, que interpreta la íntima relación-diálogo de la verdad eterna de Dios y la situación histórico-temporal en la que esa verdad eterna debe ser recibida.

Se deduce entonces que Dios está diciendo su ser y se está autorevelando en esta nueva situación que viven las generaciones contemporáneas, y si así es, corresponde entonces a la teología, en este caso a la eco-teología, identificar ese actuar de Dios, su revelación, su salvación, en la historia humana, dinámica, cambiante, diversa y multiforme donde se opera la salvación.

Por esto corresponde a la teología estar atenta y responder a la situación, a las nuevas realidades, a los nuevos retos que propone la realidad humana que por el ejercicio de su libertad pone sobre la mesa nuevas formas de desafíos, nuevas formas de opresión, de destrucción, de esclavitud, de pecado; es tarea del teólogo encontrar la acción salvadora de Dios, su autorevelación en los nuevos areópagos, en las nuevas realidades humanas y en las distintas formas de alienación, pues la salvación de Dios está obrando en la historia;[18] si la teología no hace esto, simplemente caería en el riesgo de pasar a ser un discurso no pertinente.[19] Si la teología ha de ser impertinente, ha de serlo al ejemplo de Jesús, el Cristo, quien importunó el statu quo y las estructuras alienantes y opresoras de su contexto.

La crisis necesita de la palabra que tenga que decir la teología y de la formación valiente en el seno de las universidades y la academia, de nuevos teólogos, de biblistas que tomen participación epistemológica sin miedo y que desde las diversas oportunidades que brinda la amplia y compleja ciencia teológica: la interpretación de la Sagrada Escritura, la pastoral, la Teología Sistemática, la praxis, la teología moral etc., consiga establecer areópagos de transformación de las dinámicas relacionales para con el tercer planeta de nuestro Sistema. La problemática planteada es la nueva realidad que impide la realización del Reino[20] pues se halla en plena contravía del Evangelio de Jesucristo; toda ella tiene su raíz en el obrar humano y en el rompimiento de la alianza fraternal-sororal para con los demás y con la Creación. Como es realidad de anti-vida (muerte) y anti-Reino, es realidad que compete determinantemente a la ciencia teológica. No se trata de estar en contra del desarrollo sino de hacerlo inclusivo, humano, social, vital, equitativo; de impregnar de conciencia y justicia los intereses de producción y de comercio. En definitiva se trata de la palabra que puede pronunciar la teología, sobretodo latinoamericana, para rescatar el verdadero y profundo significado de la ecología (oikos-logos) en cercanía y complementariedad con la economía (oikos-nomos), iluminada, exhortada con voz profética y reflexionada por la teología.

No se entienda que nada se está haciendo en teología al respecto; muy por el contrario la reflexión eco-teológica, como teología contextual que contempla la relación teología-medio ambiente-oprimido, se levanta como voz profética que anuncia y denuncia en medio de este signo de los tiempos con una rica producción investigativa, congresos, pronunciamientos, apuestas de diversas índoles. Lo que se está afirmando hasta aquí es, por un lado, que aún no es suficiente esta voz y, por otro, que las líneas más “oficialistas” de la teología tradicionalista no respaldan ni forman en este estadio y, por el contrario, muchas voces se esfuerzan por descalificarlo. En efecto, desde el corazón de la Teología de la Liberación, la perseguida Ecoteología, viene remando en contracorriente y en contraviento con esfuerzos por decirse y decir el Reino en medio de los signos de muerte que se imponen.

Es cierto que la Teología contextual conocida como Ecoteología lleva un significativo camino recorrido desde los albores de su reflexión hace aproximadamente 40 años -en el seno de la Teología de la Liberación, donde se gesta[21], bajo denominaciones como Teología de la Tierra o Teología de la Creación o, como se le conoce más recientemente, como Ecoteología o Teología Ecológica-, pero también lo es que todavía no termina de ocupar el puesto y la importancia que amerita dentro de la reflexión teológica, en su producción académica, en los currículos de las facultades, en la investigación.

La reflexión ecoteológica, en su tierna historia, ha evolucionado, ha pasado por variados estadios en su reflexión, ha podido pasar de una visión antropocéntrica que contempla posturas sobre el cuidado-administración de un algo, de un objeto que debe ser tenido para el bienestar y provecho humanos porque es cuestión de vida o muerte, hasta proponer, en las concepciones más contemporáneas, el entendimiento de la tierra como un sujeto, un alguien con quien el ser humano se relaciona, con dignidad de criatura, concibiéndole como un organismo, como Gaia, una entidad interdependiente y compleja de la cual el ser humano depende y forma parte. Infortunadamente, este esfuerzo aún no es bien recibido y los teólogos que se atreven a incursionar en esta nueva apuesta de la Teología, se han visto criticados o desacreditados, incluso por sus mismo colegas de la Liberación. Proponer que la Tierra es sujeto puede causar incomodidad o hasta inaceptabilidad, sin embargo de eso se trata la labor investigativa, de ayudar a tejer la ciencia teológica, de proponer nuevos paradigmas, de saber hacer lectura desde la fe de las crisis y eventos que atentan contra la vida, de procurar descubrir los designios de Dios y los lugares de su Revelación allí donde aún no se le encuentran.

La reflexión ecoteológica, como nuevo paradigma hermenéutico,[22] ha de propiciar el repensar del ser humano como un ser en relación: consigo, con el medio, con los otros y con el cosmos;[23] es su deber epistemológico pensar y proclamar la comprensión del homo como parte determinante de un todo armónico, que le ayude a comprender que su actuación afecta las dinámicas de la comunidad cósmica, de la tierra, único lugar que puede hoy habitar, lugar que sin el ser humano, aunque se lea fuerte, quizá existiría “mejor” porque con él está al borde del colapso pues, el ser humano, se ha convertido en el “virus” de las demás formas de vida planetaria.[24]

La ecoteología, finalmente, demanda de una opción profética por la vida austera de cara al consumismo y la codicia que todo lo acapara y acumula; de una actitud propositiva y denunciadora frente a los conflictos estructurales que llevan a la destrucción del oikos, de los recursos comunes para toda la humanidad; de una toma de posición decidida y crítica a favor de a quienes menos llegan –o no llegan- los beneficios del capitalismo, la ciencia, la tecnología, el desarrollismo.

Desde otras teologías contextuales, de manera rica y productiva, se ha potenciado toda una reflexión en materia ecología-teología. La dimensión sacramental de la Creación por ejemplo, ya sea por la presencia de Dios en la naturaleza (Pan-en-teísmo en contraposición al panteísmo), ya por la presencia de Dios en la perfección extremadamente compleja y ordenada de su Creación posible sólo por una Inteligencia Superior, o por el misterio de la encarnación (Emmanuel: Dios con nosotros) por medio del cual Dios se hace Criatura entre las criaturas, se hace material como su obra. Otro tanto se ha hecho desde el Diálogo Interreligioso con la valiosa comprensión de Pacha Mama o Gaia propiciadora de la vida y gestora del hombre, o la relación armónica panteísta del Brahamanismo, o el respeto a toda forma de vida del Hinduismo. Desde la teología femenina se comprende la Tierra como solidaria con el género femenino, a la vez fértil, gestora de vida y explotada, maltratada, olvidada. Poco a poco Teologías contextuales se unen a las voces de millones que reclaman acciones concretas y eficaces, desde diversas ciencias y organizaciones, desde la escuela y oficina, por hacer lo necesario y éticamente responsable, en medio de una realidad imperiosa si es que con vida, y vida digna para todos y todos los seres, se quiere tener.

Sin embargo, otra es la voz, al hablar de la reflexión bíblica, o del trinomio: ecología – teología – Sagrada Escritura. Más vacíos y problemas se hallan todavía a la hora de escudriñar la reflexión bíblico-eco-teológica de las categorías comunidad antropo-teo-cósmica, Creación-sacramento, alianza Dios-hombre-tierra.

 

Una Ecoteología bíblica

Si hay problemas y disensos al hablar de Ecoteología como teología contextual de la Liberación, con mayor razón los habrá al proponer una Ecoteología Bíblica. Por supuesto, los rigorismos histórico-críticos y exegéticos se “rasgan las vestiduras” sosteniendo que en la Biblia no hay crisis medioambiental o que las referencias bíblicas a la creación poco o nada tiene que ver con una conciencia ecológica, menos aún al pretender sustentar una alianza atropo-teo-cósmica. Puede que no fueran las crisis o intencionalidades propias de los contextos bíblicos, sin embargo, tampoco se puede negar, sin más, la inmensa riqueza transversal en toda la Sagrada Escritura de sensibilidad por la creación, de identidad y búsqueda por la tierra, de la relación íntima hombre-tierra, de la co-dependencia entre ambos, de las consecuencias negativas que trae sobre el hombre y la tierra la maldad en el corazón humano, la añoranza de la nueva tierra, etc. Son éstas y muchas más las invaluables oportunidades para hacer de la Palabra, una palabra viva y eficaz,[25] que también “habla” al hombre actual y le exhorta en medio de la crisis y de su responsabilidad. No puede olvidar el teólogo que la Palabra de Dios se dice no solo en las negras sino en las blancas.[26]

Es imperativo manifestar la necesidad y la oportunidad de ampliar y motivar una ecoteología bíblica aún incipiente, que haga patente el carácter vivo, actualizante y dinámico de la Palabra que penetra las realidades y las ilumina. El teólogo junto con la comunidad creyente-lectora encuentra en la Sagrada Escritura la palabra viva, exhortativa y transformadora de realidades pecaminosas, alienantes y, a partir de ella, replantea las relaciones como de dependencia, solidaridad e interacción entre las criaturas de Dios, pero sobre todo y primeramente, la causa del ser humano victimizado por la maquinaria desarrollista.

Ya durante siglos la hermenéutica favoreció una lectura teocéntrica y antropocéntrica de las Escrituras, es menester ahora por las características propias y emergencias vitales potenciar una hermenéutica cosmocéntrica o, mejor aún, antropo-teo-cósmica, que responda a los nuevos clamores de la vida planetaria.

El principal obstáculo para esta tarea es la falta de interés y apoyo educativo-pedagógico para con esta causa, también en el seno de las facultades de teología. Los académicos de la teología deben entender que su ciencia se levanta como una fundamental e integradora (trata de fe, experiencia, praxis, cultura, historia, literatura, moral, ética, antropología, filosofía, trascendencia, etc.), con muchas posibilidades de pronunciarse y ser escuchada, con voz profética fundamental para estos tiempos; deberán también ser conscientes de que en las circunstancias descritas su silencio o indiferencia, su falta de palabra podría configurarse en una falta de omisión y en una clara muestra de desinterés por una problemática evidentemente sensible, imperiosa y decisiva que atraviesan las generaciones postmodernas.

En la Sagrada Escritura,[27] fuente y referente de toda teología cristiana, el teólogo encuentra una riquísima oportunidad de trabajo hermenéutico contextual, que ilumina bellamente pero también proféticamente, todo lo hasta aquí dicho. Como se señaló arriba, toda la Biblia se encuentra impregnada de la referencia al cosmos, a la tierra, a la creación, a las criaturas, a los fenómenos naturales en constante interacción con el ser humano, sobretodo y llamativamente, con el pueblo sufriente, oprimido, perseguido, excluido. No se aportan más que algunos ejemplos introductorios a manera de invitación pues son demasiados; en cada uno de ellos se presenta la oportunidad de escuchar a Dios hablando (no en simple pretérito) y de exhortar al género sapiente de la biósfera terrestre a recapacitar y modificar sus dinámicas relacionales para con el planeta.

Un trabajo especial se ha realizado en la exégesis de Gn 1, con todo el esfuerzo resignificador que presupone rescatar un texto que por mucho sirvió para justificar la explotación ilimitada e inmisericorde de la Tierra. Hoy hay nuevas interpretaciones contextuales, que recurren al pensamiento y cosmovisión propias del Oriente Antiguo, y que permiten leer el primero capítulo del primer libro de la Biblia con una mirada ecoteológica justa, respetuosa de su entorno, rescatando el significado de la creación como obra “buena”,[28] por la adecuada comprensión de la designación del hombre como dominador-sometedor,[29] e imagen y semejanza[30] de su Creador. También la relación hombre-tierra (Adam-Adamá), su origen de la tierra y la ruah, han dado su justo lugar a las intenciones tiránicas del ser humano. El sábado y el año sabático, junto con el descanso de la tierra, han rescatado la necesidad de las justas relaciones con la naturaleza y con los pobres.

El texto del Diluvio es fascinante, es un remanente de esperanza para la Tierra misma, pues antes de la elección de un pueblo (el de Abraham) YHWH hace una elección por la Tierra y todo lo que la habita, pues todavía y en el culmen de la generación del Cosmos, cuando la vida recién creada está a punto de extinguirse por la acción humana, Dios sale a su encuentro salvador por medio de la alianza unilateral de no volver a destruir la tierra por causa de la maldad humana. Esto se sustenta a partir de los textos Gn 8,20-22 y 9,8-17. Es decir, hoy la tierra sufre la maldad humana y por ella todo lo que la contiene -incluido el ser humano- corre riesgo, se hace necesaria la interpretación en clave ecoteológica de la Alianza divina universal postdiluviana, que promete un cielo nuevo y una tierra nueva, para lograr la iglesia cósmica de relaciones justas y dignificantes para con la tierra y los menos favorecidos. Los texto Gn 8,20-22; 9,8-17, la conclusión del gran bloque Gn 1-9, que trata del origen y de la generación del mundo, contienen la alianza Dios – Ser Humano – Cosmos, alianza que en la Escritura se halla previa a la elección-alianza de un determinado pueblo por parte de YHWH. Esta primera alianza, unilateral y cósmica, trasciende, no solo las fronteras étnicas, culturales o religiosas, sino que incluye la Creación, víctima del obrar humano, como beneficiaria de la salvación. Su paralelo con relatos extrabíblicos le imprimen una riqueza intercultural, su contexto ubicado en el exilio le vincula con el sometimiento y la derrota que vive el pueblo sin tierra, su relación con el relato de la creación (y conclusión de ésta) es el anuncio de un nuevo inicio, el retorno a la creación original, “buena” como la quiso el Creador. Se trata pues de un trabajo que propone, a partir de dichos textos, las justas relaciones del hombre para con la Creación, la solidaridad mutua en el sufrimiento pero también en la salvación, el compartir del ser humano y del cosmos, de un mismo origen y destino. Aunque no se ha encontrado aún un desarrollo del epílogo de la gran primera parte del Génesis con respecto al tema de la presente reflexión, presenta una oportunidad invaluable para concienciar en torno a la Alianza de Dios con toda la Creación y la promesa de YHWH de no volver a atentar contra el Cosmos por causa de la maldad humana.

Se ha abordado, también significativamente, la relación tierra-liberación desde el libro del Éxodo, principalmente por la Teología de la Liberación. Las relaciones de dominación-opresión y la esperanza en la posesión de la tierra, iluminan de manera especial la situación de desplazamiento y lucha por la tierra ante el dominio transnacional y monopolizador que sufre el Sur, subyugado a la pobreza y a la miseria. Sin embargo, lo que aún falta por trabajar es toda la cosmología y acompañamiento de la creación en el proceso liberador pues, el libro del Éxodo muestra un cosmos que acompaña la pascua, que protesta la esclavitud, la injusticia y la opresión, que favorece la huida de la esclavitud y el camino de la liberación con la participación del mar, que acompaña el difícil paso por el desierto, convirtiéndose la creación en signo de la presencia de Dios que guía los pasos de la liberación de la opresión; también la montaña se convierte en el signo máximo de la comunicación con Dios, de la donación de su palabra y del sellamiento del pacto, de la realización de la Alianza.[31] De otro lado, es necesario rescatar la necesidad de que todo ser descanse, incluida la tierra,[32] que también halla su fundamento en el mandato bíblico.

Los códigos veterotestamentarios,[33] por su parte, ofrecen una posibilidad de interpretación en la actual relación oprimidos-tierra, por medio de la defensa de Dios al clamor de “los sin tierra”;[34] el no tener tierra era el elemento común que precisamente los hacía vulnerables a los vejámenes de la sociedad, a la indigencia, a la muerte.[35] Viuda, huérfano y extranjero son también sujetos de la acción salvadora de YHWH en algunos profetas.

Profetas, como Amós por su ser campesino (pastor y cultivador) y por denunciar las injusticias de los poderosos, ha tenido un tratamiento especial en la exégesis ecoteológica de la liberación. Sin embargo, otros profetas también están ligados a la tierra aunque el trabajo exegético en línea ecoteológica aún está por hacer: Elías, Isaías, Oseas, Sofonías, Jeremías, Nehemías.

Job tiene una riqueza especial para el tema del asunto y curiosamente no se halla suficiente producción exegética-ecológica al respecto. Aquí la tierra se manifiesta, clama (único lugar donde la tierra clama porque es víctima) por la violencia a la propia tierra y al hombre que la trabaja, lo que termina en una violencia que afecta a los dos. De otro lado, los capítulos 38-39 permiten toda una teología –no antropológica- de la Creación.

Aunque algunos salmos son representantes en el problema antropocéntrico,[36] otros (como Sal 19; 104) son toda una oportunidad para declarar la armonía utópica con el cosmos. También es un trabajo y una oportunidad por estudiar y proponer. La literatura sapiencial aporta su cuota a la reflexión, recuerda que la creación es obra de Dios, que es su sacramento, que toda ella habla de su Hacedor, que él la habita y que por medio de ella se hace presente en la vida humana.

Hay algunas sugerencias plausibles de ecoteología Paulina en medio de su doctrina cristológica y soteriológica. Sentencias como: “la creación espera ser liberada para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,19); “para que Dios sea todo en todo” (1Cor 15,27-28); “Cristo es todo en todos” (Col 3,11); “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y en la tierra” (Ef 1,3-11); “Cristo es primogénito de toda criatura y que Dios va a reconciliar por él todas las cosas en los cielos y en la tierra” (Col 1,15-20); “que los males que atormentan a la humanidad se deben al dinero” (1Tim 6,10); esto, y más, son evidencias de una cristología y soteriología cosmológicas que aún está por investigar.

Por su parte, en el último libro de la Biblia, se describe cómo el cosmos sufre en sus propias entrañas la terrible opresión; el escenario de muerte y de tortura que el Imperio Romano imprimía sobre la naciente Iglesia es recreado con una fuerte participación de dolor por parte del Cosmos. La tarea de interpretar el Apocalipsis en clave ecoteológica aún está por trabajar: la tierra tiembla, el sol se pone negro, la luna como sangre, las estrellas se caen, el cielo desaparece, los montes y las islas son removidos,[37] todo como consecuencia de la crueldad humana, del azote del poderoso sobre el oprimido. Mas hay esperanza: “un cielo nuevo y una tierra nueva”[38] son la escatología prometida por la humanidad, pero también por el cosmos, que no verá su paz sin la justicia humana. Sin embargo este trabajo también está por realizar.

La Sagrada Escritura posee, en síntesis, toda una Palabra de Vida qué decir en medio de los signos de los tiempos que azotan al planeta y sus habitantes, los hijos de Dios y, de forma más cruel, a los menos favorecidos. Sea el momento propicio para realizar toda una apuesta por entresacar esa Palabra contenida en medio de las letras, de las palabras y hacerlas Reino por la vida que viene de Dios.

Una lectura atenta de la Sagrada Escritura, permitirá comprender la permeabilidad del Cosmos en la historia de la Salvación y en la Revelación, la mediación que cumple la Creación a la hora del encuentro con Dios, al momento de comprenderle, de entender su grandeza y misericordia; por la interacción con la tierra se entiende el don de la vida, la grandeza, la justicia, la misericordia, la elección, la presencia. Los destinos del ser humano y la creación son inseparables, la Creación es cómplice en la búsqueda de Dios pero es víctima de la maldad humana; ella es fiel en el deseo de salvación, es parte integral de la Alianza. No es permitible que el teólogo deje pasar esta oportunidad de interpretar los designios salvíficos de Dios, que se dice en su Palabra, para estos contextos que lo necesitan. Ser humano y Cosmos levantan la voz al teólogo para que cumpla su tarea y vocación, y descifre la palabra de vida en medio de realidades de muerte.

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Tillich, Paul. Teología sistemática I. La razón y la revelación el ser y Dios. Salamanca. Ediciones Sígueme. 1982.

[1] Se trata de un “trastorno grave” sobre la vida del planeta de afectaciones catastróficas globales.

[2] Homo comparte la raíz con la palabra humus, que significa tierra; se trata de la creencia de la procedencia del hombre de ella. Así también el nombre Adán (Adamah), nombre del primer hombre según el relato bíblico, significa tierra fértil. Así las cosas, se entiende que el hombre es tierra, pero es además tierra fértil, y de ella proviene; su vínculo con la tierra es natural, vital, dependiente, “genético”.

[3] Los anteriores cinco cataclismos que ha sufrido el planeta Tierra han sido de orden natural y han provocado la extinción del 99% de las especies que han habitado este planeta desde que tiene vida en él hace aproximadamente 4.500 millones de años:

  1. Hace 570 millones de años (periodo Cámbrico): menos 80% de las especies
  2. Hace 245 millones de años (periodo Pérmico Triásico): menos 75% al 95% de las especies
  3. Hace 67 millones de años (Periodo Cretácico): menos 65% de las especies
  4. Hace 730.000 años (Periodo Pleistoceno): Extinción de un gran número de especies no determinada.
  5. Hace 17 a 12.000 años (glaciación): menos 50% al 75% de las especies animales

Quedan aproximadamente el 1% de los millones de especies que habitaban la tierra desde el comienzo de la vida. Todas causas naturales. Cfr. Boff, “La Tierra como Gaia: un desafío ético y espiritual”, 360.

[4] “Hagamos…” Cfr. Gn 1,26a.

[5] “Y los bendijo Dios con estas palabras…” Cfr. Gn 1,28a.

[6] Con el carácter de responsabilidad que le significa en la lengua hebrea.

[7] Cfr. Gn 6,5.11-13.

[8] Cfr. Op. Cit. Boff, “La Tierra como Gaia: un desafío ético y espiritual”, 361. También Cfr. Boff, “Ecología, Política, Teología y Mística”, 119-122.

[9] Entre 1500 y 1850: menos 1 especie cada 10 años (35 especies); entre 1850 y 1950: menos 1 especie cada año (100 especies);  en 1990: menos 10 especies cada día (3650 especies); en 2000: menos 1 especie cada hora (8760 especies).

[10] Solamente en Colombia tenemos muchos ejemplos. La Hidroeléctrica en el Quimbo no sólo destruirá el ecosistema de 842 hectáreas, sino que ha causado el desplazamiento y la aniquilación al sustento de miles de familias campesinas e indígenas de las regiones afectadas. Otro ejemplo es el de la “Colombia Hardwood” de REM Forest Products, que deforesta Bahía Solano, Juradó, y la Serranía del Baudó para exportar a China madera durante 15 años; se trata de más de cinco millones de metros cúbicos de las maderas más finas del Chocó: algarrobo, sande, cedro amargo, bálsamo, caimito, chanul y virola; de la mano con el daño medioambiental y exportación de los recursos, se evidencia el daño social, pues donde la empresa corta su primer millón de metros cúbicos (44.596 hectáreas), viven 18 comunidades compuesta por 1329 familias (aproximadamente 5846 personas). Habría que decir más de multinacionales como Pacific Rubiales Energy, Medoro Resources, Alange Corp, Gran Colombia Gold, etc.

[11] Aunque oikos corresponde a la raíz griega para casa (eco-logía, eco-nomía), la intención es ir superando los términos y concepciones utilitaristas y “objetizantes” de la creación.

[12] La confusión o equiparamiento de Desarrollo con Crecimiento ha llevado a malentender que para Desarrollarse es necesario crecer (Crecimiento), cuando en realidad, en lugar de verdadero desarrollo, las naciones y las potencias lo que han impulsado es el crecimiento como muy bien lo explica Manfred Max-Neef, en su conferencia “El mundo en rumbo de Colisión” Cfr. http://blip.tv/universidad-internacional-de-andalucia/manfred-max-neef-el-mundo-en-rumbo-de-colision-2970838  (Capturado en noviembre de 2013)

Si se tratara de Desarrollo, y más aún “Sostenible”, de debería entender como un verdadero desarrollo inclusivo, respetuoso, dignificante para todas las partes y para el entorno.

[13] Cfr. Acosta Richard, “Ecoteología”, la opción por la Tierra como lugar Teológico. En http://www.amerindiaenlared.org/biblioteca/339/ecoteologia-la-opcion-por-la-tierra-como-lugar-teologico/. Capturado en septiembre de 2013.

[14] González, “Orden Mundial y liberación”. Si se pretendiera para toda la raza humana un nivel de calidad de vida propio tan solo de la clase media, el planeta simplemente colapsaría, se necesitaría más de cuatro planetas como éste para lograrlo “por cuando no hay recursos materiales en la tierra para que todos los países alcanzaran el mismo nivel de producción y de consumo, usufructuado hoy por los países llamados ricos, cuya población no alcanza el 25 % de la humanidad.” Ellacuría, “Utopía y profetismo”, 406-407.

[15] מִרְדָּה (mirdâ) y  כָּבַשׁ (k’bash) respectivamente en Gn 1.

[16] Cfr. Lonergan, Método en teología, 9.

[17] Cfr. Tillich, Teología sistemática I, 15.

[18] “La acción de Dios está oculta a todas las miradas, excepto a los ojos de la fe [en los acontecimiento llamados naturales, profanos, mundanos, visibles a todos los hombres] Es dentro de ellos donde se ejerce la acción oculta de Dios.” Bultmann, Jesucristo y mitología, 85.

[19] Acerca de la no pertinencia Cfr. Boff, Teología de lo Político, 143-149.

[20] Las relaciones justas para con los demás depender de las relaciones justas para con el planeta y viceversa, si se quiere lograr la paz se tendrá que proteger la creación. Cfr. Benedicto XVI, Jornada Mundial de la Paz 2010.

[21] En otro artículo, posterior a éste, sustento la tarea de la Ecoteología como Teología de la Liberación.

[22] Cfr. Tamayo-Acosta, Juan. Nuevo paradigma teológico. Madrid. Editorial Trotta. 2004.

[23] Boff, Las 4 ecologías.

[24] Cfr. Ibid. Acosta Richard, “Ecoteología, La opción por la Tierra como lugar teológico”.

[25] Cfr. Hb 4, 12

[26] Dios no habla solo a través de las letras escritas en el Libro Sagrado, sino también “ente” líneas, en los espacios de silencios que hay entre ellas y detrás de ellas.

[27] Es necesario acotar, que no solo desde la Sagrada Escritura la ecoteología encuentra un respaldo y sintonía en la opción realizada por la teología latinoamericana de la liberación sino que también tiene su oportunidad de diálogo y de complemento en otras formas del quehacer teológico. Sucede, por ejemplo, en el diálogo interreligioso como lo ha hecho Marcial Maçaneiro en su ponencia Religiões, ecologia e sustentabilidade, realizada en el XXI Congreso de la SOTER, en Bello Horizonte – MG, Brasil en 2008, donde plantea 7 tareas ecológicas de las religiones; también Tamayo, “A ecologia como lugar de encontro no diálogo inter-religioso”, 111 – 123., con toda la rica reflexión y enseñanza de la que se puede beber de las diversas teologías de otras religiones y de su forma de entender y pensar el tema medioambiental; pero no sólo las grandes religiones aportan en la conciencia ecológica, las formas religiosas animistas precolombinas de América Latina tienen un aporte sumamente rico en este sentido, se hace menester rescatar esta riqueza espiritual de las religiosidades indígenas, el respeto por el medio ambiente, el origen del ser humano de la tierra, la relación armónica con el cosmos, el sentido de amor por la madre de todo “Pacha mama”, y relatos cosmogónicos.

[28] “… y vio Dios que estaba bien”: Gn 1,4; 1,10; 1,12; 1,18; 1,21; 1,25; 1,31, sentencia que se pronuncia siete veces en medio del ordenamiento del cosmos, con lo que implica la simbología del número siete.

[29] מִרְדָּה (mirdâ): RDH: mandar, dominar; en el Oriente Antiguo se comprende por ser este contexto de riesgo inminente ante las bestias. כָּבַשׁ (k’bash): KBS: someter; perteneciente al contexto de destierro babilónico. Aquí estas palabras  se emplean pero a imagen y semejanza de Dios, es decir, se trata de un  mandar, dominar y someter bajo la perspectiva de la responsabilidad, su carácter es administrativo no aniquilador.

[30] “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en…Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en…” Gn 1, 26-27.

[31] Cfr. Ex 7, 14 – 10, 29.

[32] “Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto; al séptimo la dejarás descansar y en barbecho, para que coman lo pobres de tu pueblo, y lo que quede lo comerán los animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu olivar. Seis días harás tus trabajos, y el séptimo descansarás, para que reposen tu buey y tu asno, y tengan un respiro el hijo de ti sierva y el forastero.” (Ex 23, 10-12).

[33] de la Alianza (Ex 20, 21 – 23,19), del Deuteronomio (Dt 12-26) y de Santidad (Lv 17-26), recuerdan al teólogo que el cumplimiento de la alianza y el ejercicio de la justicia radican en la atención a la población más vulnerable y desamparada, en estos casos a la viuda, al huérfano y al extranjero.

[34] la viuda y el huérfano no la podían heredar la tierra del cabeza de familia, el extranjero no la podía tener pues era solo para el ciudadano israelita

[35] Cfr. Acosta, Justicia y Reino de los Cielos en las Bienaventuranzas de Mateo, 29-47.

[36] Cfr. Sal 8.

[37] Cfr. Ap 6, 12-14.

[38] Cfr. Ap 21, 1.

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Ecoteología. La opción por la tierra como lugar teológico

6 06 2012

ECOTEOLOGÍA: LA OPCIÓN POR LA TIERRA COMO LUGAR TEOLÓGICO[1]

Richard Acosta R.[2]

¿Tiene la teología la responsabilidad de pronunciarse y actuar ante los signos de muerte que atentan contra el planeta?

La crisis ecológica (Ver)

 

El imaginario heredado por el paradigma desarrollista, según el cual el progreso estaba determinado por la capacidad de explotación de los recursos de la tierra, entendiendo éstos como infinitos e ilimitados, ha sido cuestionado y relativizado por la crisis ecológica que atraviesa esta generación. En efecto, las alarmas ambientales han sido encendidas, y signos tangibles como el calentamiento global, el efecto invernadero, los cambios extremos del clima que vienen alterando significativamente el equilibrio del planeta fruto de los altos niveles de contaminación global, la extinción de miles especies, el descongelamiento de los polos y nevados, la escasez y carestía alimentarias, el hambre en las regiones más azotadas por la pobreza, hacen parte ahora de un amplio listado de reclamos que se levantan a los jefes de las naciones para que se frene este vertiginoso camino hacia la autodestrucción.

Sin embargo, a las consecuencias medioambientales, en gran medida irreversibles, debe sumarse toda una avalancha de políticas económicas gubernamentales que privilegian la ejecución de megaproyectos en detrimento del medio ambiente; las políticas de “desarrollo” no son políticas ambientales. En el Continente de la Esperanza priman megaproyectos como la minería, los hidrocarburos, el monopolio de semillas, los productos transgénicos, la concentración de tierras, la explotación de recursos a manos de empresas transnacionales, las concesiones, la exploración petrolera, los proyectos hidroeléctricos, y muchos más, que para su ejecución requieren del ejercicio de la deforestación y tala de bosques, la expropiación de tierras a indígenas y campesinos que degenera en movilidad humana y desplazamiento, la eliminación de fuentes de agua o humedales, el sacrificio del hábitat de especies, la irrupción en ambientes ecosistémicos.

La mentalidad ombligocéntrica de los hijos de la modernidad cegó a la humanidad ante el daño que se causaba a la “casa”, al oikos, al único lugar que puede habitar y que alberga las formas de vida conocidas por éste, con las que interactúa y de las que depende para poder existir. La carrera industrializadora del sapiens con horizontes “infinitos”, proyectó imaginarios “infinitos” y quiso un desarrollo “infinito” en un mundo “finito”, limitado, con recursos agotables.[3]

Tal panorama presenta a la tierra como nuevo sujeto oprimido, explotado. Las realidades mencionadas y muchos otros signos de muerte, se convierten en el “grito” de un planeta herido que se levanta al cielo y clama por su salvación.

¿Desarrollo sostenible?

Ante la innegable crisis medioambiental[4] surge el llamado desarrollo sostenible, para algunos falacia de las potencias, pseudo-alternativa que pretende mantener la carrera desarrollista y, a la vez, aliviar la crisis ecológica. La situación, así entendida, es insostenible;[5] no se puede hablar de mantener los niveles de desarrollo, industria y contaminación, y pretender a la vez disminuir las consecuencias ambientales; es una “ilógica”.

Mantener el desarrollo y crecimiento económico de las naciones poderosas solo es posible con el detrimento del planeta, la explotación indiscriminada de los recursos, y sobretodo la sostenibilidad de la pobreza y miseria de los países subdesarrollados; “los niveles de desarrollo y consumo de los pueblos más ricos solamente son posibles si se mantiene esta desigualdad radical en el seno de la humanidad, pues los recursos del planeta no son de hecho suficientes para que esos niveles sean universalizados.”[6] Si se pretendiera un nivel de calidad de vida propio de la clase media para toda la humanidad, el planeta simplemente colapsaría, se necesitaría más de un planeta como éste para lograrlo. “La lógica del desarrollo en este sistema imperante contradice la lógica de la sostenibilidad”.[7]

La lógica de la sostenibilidad entendida como sostenibilidad del desarrollo es, además de antiecológica, opresora, pues es sostener un sistema social injusto. Mientras la quinta parte mas rica del planeta posee más del 80% de los ingresos, del comercio mundial, de los préstamos, del ahorro interno y de la inversión, la quinta parte más pobre debe distribuirse menos del 1% de los mismo.[8] Así entendido el desarrollo sostenible es un claro atentado contra el planeta, pero también contra la humanidad, y esa parte de la humanidad más vulnerable.

Si se ha de hablar de sostenibilidad debe incluirse al menos favorecido, a quien lucha en la periferia, al oprimido. Deberá hablarse de sostenibilidad social, de sostenibilidad humana, de sostenibilidad de la vida. Una sostenibilidad entendida como del desarrollo en los términos capitalistas, industriales, es injusta, aberrante, egoísta; en fin, es promoción y perpetuación del pecado estructural que ha hecho metástasis en la sociedad.

Causa de la tierra  – Causa de los pobres (Juzgar)

 

La viuda, el huérfano y el extranjero, pobres del mundo veterotestamentario, vulnerables, oprimidos, tenían algo en común, ese algo que precisamente los hacía pobres: la no posesión de la tierra.[9] En un contexto latinoamericano, con aspiraciones desarrollistas, debe entenderse lo que se ha dicho arriba: quienes reciben el impacto inmediato del abuso de la tierra, los recursos, la contaminación y la industrialización, son los desposeídos, las clases vulnerables, las etnias, los campesinos, los más pobres. Son ellos los primeros desplazados, engañados y perjudicados, y es a quienes el supuesto desarrollo no alcanzará. Pero no solo porque el desarrollo está dirigido a la minoría de las élites, sino porque la pobreza debe existir para que se pueda sostener la riqueza, se hace necesaria la miseria de las mayorías; los campesinos e indígenas están al margen de las políticas de “desarrollo”. De otro lado, está el dolor del dejar la tierra, de salir de su hogar para enfrentarse como extraño, “extranjero”, a un lugar donde no es bienvenido.

La opción por la tierra, es opción por los pobres en dos direcciones. Por un lado se presenta la tierra como sujeto, como pobre, como crucificada. La tierra es madre fértil abusada, marginada, oprimida, necesitada de determinación y salvación, llamada a la resurrección; esta tierra grita, “clama al cielo”, y este clamor es escuchado por Dios.[10] Pero también es una opción por los pobres porque son ellos también parte de la creación que está siendo afrentada; optar por la tierra es optar por todo lo que la contiene, toda forma de vida, por el ser humano que sufre y lucha las consecuencia de un orden mundial injusto. Así entendida, la opción por la tierra es una opción incluyente; es la opción por el sujetos llamados a la liberación, a la promoción y la dignificación. La opción por la tierra es opción por la vida, es opción por el evangelio,[11] es seguimiento de Cristo.

 

Ecoteología: opción por la tierra como lugar teológico[12] (Actuar)

 

Algunos teólogos[13] menosprecian el tema ecoteológico al verlo como un distractor de las verdaderas causas evangélicas y las sentidas necesidades sociales latinoamericanas. Efectivamente, arriesgarse por la reflexión ecoteológica es arriesgarse a ingresar en el mundo de la teorización, de la academia, de lo tangencial. El teólogo latinoamericano deberá comprender que la opción por la Ecoteología, en su contexto vital, necesariamente será una opción por los pobres, los menos favorecidos, los marginados. Pero la apuesta por la Ecoteología es bastante compleja y rica, convirtiéndose ésta en una oportunidad para, desde muchos frentes, aportar en el caminar de la construcción de una epistemología de la Ecoteología[14] y suscitar la conciencia planetaria vital para el contexto contemporáneo.

 

  • Desde el diálogo Interreligioso

 

El aporte ecológico de las diversas religiones es una clara oportunidad para la humanidad. El fenómeno postmoderno ha desatado la vuelta a la conciencia planetaria y a lo religioso.[15] Esta doble conciencia necesita ser canalizada, pues si bien, se da la vuelta a estas dimensiones ambas se dan en lo superficial y en lo individual.[16] Las grandes religiones tienen una rica expresión, simbología, rituales y cercanía con la creación; sus valores y textos incluyen un respeto y reverencia por la tierra, el aire, el fuego, el agua, la montaña, el árbol, el sol, los animales. Desde sus fuentes se entiende el llamado por el equilibrio y convivencia del ser humano con el medio.

Pero no sólo las grandes religiones están llamadas a aportar en la conciencia ecológica. Las formas religiosas nativas-animistas de los antepasados del Continente tienen un aporte relevante en este sentido. Se hace menester rescatar la riqueza espiritual de las religiosidades indígena y africana: el respeto por el medio ambiente, el origen del ser humano de la tierra, la relación armónica con el cosmos, el sentido de amor por la tierra-madre “Pacha mama”, y relatos como el del Popol Vuh.

 

El mundo católico debe rescatar la figura y espiritualidad de Francisco de Asis, quien sostenía una relación fraterna con el medio, los animales, las plantas. Es el llamado a entender a la creación como “otro”, como hermano con quien se interactúa, en definitiva, como sujeto digno de reconocimiento y respeto.

 

Una oportunidad de diálogo interreligioso entorno al tema ecológico tiene su oportunidad en las  7 tareas ecológicas de las religiones[17] a saber:

1.Interpretar la condición humana en el cuadro de la vida planetaria.

2.Desarrollar la conciencia ecológica.

3.Participar de la elaboración de una epistemología ambiental.

4.Promover la ética ecológica personal, comunitaria y global (Boff).

5.Dialogar en conjunto sobre cuestiones ecológicas.

6.Actuar en conjunto acerca de las tareas ecológicas.

7.Re-encantar la naturaleza: no re-mitologizar (contenidos y valores de las mitologías).

 

 

 

  • Desde la Teología de la Liberación

La Teología de la Liberación se presenta como lugar privilegiado de reflexión Ecoteológica al incluir a la tierra como sujeto que sufre, que es explotado y marginado; pero también al entender al pobre como obra de Dios, como culmen de la creación y como destinatario primero de su misión.[18]

Si la sostenibilidad es sinónimo de desarrollo y éste propicia la dinámica de exclusión; la teología latinoamericana deberá ser sinónimo de opción preferencial por los pobre[19] del Continente y promover la liberación de los signos de muertes que son impuestos sobre los pequeños del reino. De esta forma, una verdadera teología de la liberación deberá pronunciarse contra toda forma de perpetuación de la pobreza y contra todo signo de muerte, incluido el desarrollo sostenible entendido como lógica desarrollista. La Ecoteología en Latinoamérica debe entiender a los oprimidos y excluidos como parte de la creación oprimida y excluida.

Entender la tierra como sujeto sufriente es dar paso a un nuevo paradigma cultural; a una nueva forma de entender el ser relacional del ser humano, pues se repiensa la relación ser humano – naturaleza, que a su vez propicia el paso al reconocimiento de una relación socio – ambiental. Así, no será necesario entrar en conflictos que debilitan la praxis: “lo social predomina sobre lo ambiental”, porque se entiende que “lo ambiental incluye lo social”. Se estaría hablando de una ecología social[20]

 

 

  • Desde la Sagrada Escritura: Una Ecoteología bíblica

En la lectura de la Biblia se presenta una oportunidad sin igual para realizar una sensibilización y comprometer a la acción en el ámbito medioambiental. En toda la Sagrada Escritura se encuentra referencia al mundo, la tierra, la creación, las criaturas.

Desde el Génesis con toda su simbología que permite entender la creación como el ordenamiento del caos; al ser humano como administrador (no dueño); la obra de Dios como “buena”, es decir la creación como criatura,[21] llamada a entrar en relación con el hombre y la mujer y proveer su sustento. Pero esta creación también sufre las consecuencias del obrar humano desde antiguo(el Diluvio); la codicia y los planes egoístas del administrador provocan dolor en las entrañas de la misma creación.

El libro del Éxodo muestra un cosmos que acompaña la pascua; que protesta la esclavitud, la injusticia y la opresión con cada una de las plagas; que favorece la huida de la esclavitud con la participación del mar; que acompaña el difícil paso por el desierto con la asistencia del arco iris y la nube, convirtiéndose la creación en signo de la presencia de Dios que guía. Pero, sobretodo la montaña, que se convierte en el signo máximo de la comunicación con Dios, de la donación de su Palabra y del sellamiento del pacto, de la realización de la Alianza.

Los Códigos legales recuerdan al pueblo que el cumplimiento de la Alianza y el ejercicio de la justicia radican en la atención a la viuda, al huérfano y al extranjero; los pobres de Israel, pobres porque no poseen tierra; no heredar tierra en Israel les hace pobres y vulnerables. La tierra es, entonces, signo sensible del don de Dios, de la realización de sus promesas, y quien no la tiene, en los códigos legales, se hace destinatario de la atención de Dios y por tanto del hombre justo. Pero también la tierra debe descansar; el jubileo es también para ella; se le debe permitir recomponerse, regenerar; no se trata de una explotación indiscriminada sino de una relación justa y equilibrada.

La literatura sapiencial recuerda que la creación es obra de Dios, que es su sacramento; que todo habla de él:

“El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.”

(Salmo 18)

Pero también, que la creación es habitada por él:

“Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.”

Salmo 138.

Jesús, con su pedagogía, se vale de la naturaleza para dar a entender su mensaje. Muestra la grandeza del Reino en la pequeñez del grano de mostaza y la levadura; enseña que es más importante la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido valiéndose de las aves y de las flores; enseña a leer los signos de los tiempos en medio de la naturaleza. Su nueva ley es proclamada desde la montaña.

Y en el libro del Apocalipsis. Aquí la creación entera -el sol, la luna, las estrellas- sufre en sus entrañas las consecuencias de la crueldad humana manifestada en la opresión del Imperio Romano a los cristianos; en el martirio y la persecución. Los intereses opresores provocan la reacción de la tierra. Se presenta una relación entre destrucción – transgresión de la ley. Al final, con la caída del poder opresor y signo de muerte nace el cielo nuevo y la tierra nueva. La tierra vuelve a vivir con la libertad y la salvación humana.

En la hermenéutica bíblica se da una oportunidad de evangelización ambiental, de entender la íntima comunión ser humano-creación que desde antiguo el pueblo de Dios entendió. De ver la creación como lo que es: el primer libro de la Revelación de Dios; la creación es el libro de la vida y primera Palabra de Dios: “Y Dios dijo… y vio que era bueno”.

 

 

 

  • Desde la Teología femenina

La creación es el rostro femenino de Dios: la tierra es vida y genera vida, la tierra es fértil, la tierra sostiene al ser humano; el hombre nace de la tierra; la tierra es belleza, es armonía; es femenina. Pero la tierra se presenta hoy como explotada, oprimida, marginada y excluida; lleva en su seno el trasegar de la mujer maltratada, discriminada, abusada, abandonada.

La tierra “madre” que da a luz toda forma de vida se encuentra en la marginalidad, se halla azotada por el olvido de su propio hijo, así como millones de mujeres de América Latina y el Caribe que se encuentran en la soledad, el olvido y la explotación de un sistema que las excluye; que son madre-solteras, que trabajan en condiciones desfavorables, que no pueden acceder a la educación o a un empleo digno; que son prostituidas en el extranjero.

En la teología de género también se encuentra un lugar favorable para la reflexión ecológica, pues estamos hablando del rostro femenino de Dios que está crucificado llamado a la redención. El discurso femenino debe ser más incluyente y aquí se presenta la posibilidad de rescatar el papel de madre que cumple la creación; de recuperarla como sujeto y como lugar teológico, donde se puede hallar a Dios y desde donde Dios se comunica.

Conclusiones

 

  • Los signos de los tiempos reclaman la reflexión Ecoteológica como nuevo paradigma hermenéutico, donde ya no se entienda al hombre como ente aislado dominador sino como parte de una inmensa red de relaciones en movimiento; no dueño que maneja a su antojo una pertenencia, un “algo”, sino un sujeto que contempla a un “alguien”, se relaciona con otro(a); que merece respeto, reciprocidad, alteridad, hermandad y reconocimiento porque tiene dignidad de criatura de Dios.
  • Se hace necesario rescatar la dimensión espacial, pues el fenómeno postmoderno ha privilegiado la dimensión temporal, el aquí y el ahora, que incluso la categoría espacio se ha vuelto difusa, pues cuando habla de “nuestro mundo” o al “mundo de hoy” se está refiriendo a “nuestra época” o a los “tiempos actuales”. Es necesario devolver la categoría espacial de la palabra “mundo” con el fin de propiciar la conciencia planetaria.

 

 

  • Es menester aprender de la sabiduría indígena, campesina, negra, que desde su sabiduría ancestral aprendió a leer la Tierra como lugar teológico; a ver la Tierra como madre. Recuperar el sentido de profundo respeto e interacción con el hábitad, con la comunidad de vida.
  • La Ecoteología invita a repensar la antropología, las representaciones e imágenes de Dios, la Cristología, la escatología, la pneumatología. A pensar una nueva forma de entender las relaciones (Relaciones respetuosas) consigo, los demás, con Dios, con la naturaleza (mundo). A pensar las Re-ligaciones con las fuentes de la vida.
  • La Ecoteología demanda una opción profética por una vida austera de cara al consumismo y la codicia; una actitud propositiva frente a los conflictos estructurales que llevan a la destrucción de nuestro “oikos”, nuestra “casa”; una propuesta por el Desarrollo alternativo: la Agro-ecología, la expansión del cooperativismo. No se trata de estar en contra del desarrollo sino hacerlo inclusivo, humano, social, vital. Impregnar de conciencia los intereses de producción y comercio. En definitiva rescatar el verdadero y profundo significado de la ecología (oikos-logos) y su cercanía y complementariedad con la economía (oikos-nomos).

BIBLIOGRAFÍA

 

 

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MAÇANEIRO, Marcial. Religiões, ecologia e sustentabilidade. Ponencia realizada en el XXI Congreso de la SOTER.

Sagrada Escritura


[1] Ampliación del Taller presentado en la Asamblea Continental de Amerindia realizada en la ciudad de Panamá en julio de 2008.

Publicado inicialmente por Amerindia en http://amerindiaenlared.org/biblioteca/339/ecoteologia-la-opcion-por-la-tierra-como-lugar-teologico/ y por el Foro Mundial de Teología de la Liberación en http://www.wftl.org/pdf/014.pdf

[2] Nacido en Cali (Valle) – Colombia. Licenciado en Ciencias de la Educación – Especialista en Estudios Religiosos de la Universidad De La Salle de Bogotá. Magíster en Teología de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Miembro del equipo Amerindia Colombia. Investigador y Docente Universitario.

[3] Cfr. BOFF, Leonardo. Las 4 ecologías. DVD.

[4] Si bien no faltan los gobiernos y pensadores que tachan esta crisis de sofisma distractor y mera formalidad de los ciclos normales del planeta.

[5] En otros estadios se habla de desarrollo humano, de sociedad sostenible, de sostenibilidad de la vida, como posibilidad de generar una reflexión de la humanización de la sostenibilidad, como alternativa de vida, inclusión y dignificación. Aquí desarrollo sostenible hace referencia a continuar la dinámica desarrollista en medio de la crisis ambiental, a establecer estrategias para mantenerla disminuyendo el impacto ecológico.

[6] GONZÁLEZ, Antonio. Orden Mundial y liberación. En Revista Electrónica Latinoamericana de Teología. Nº 100. citando a Ellacuría, I., Utopía y profetismo desde América Latina, en Revista Latinoamericana de Teología http://www.servicioskoinonia.org/relat/100.htm

[7] BOFF, Leonardo. ¿Desarrollo sostenible o sociedad sostenible? En Revista Electrónica Latinoamericana de Teología. http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=185

[8] Cfr. Ibid. GONZALEZ.

[9] Cfr. ACOSTA, Richard. Justicia y Reino de los Cielos en las Bienaventuranzas de Mateo. Pontificia Universidad Javeriana. 2007. p. 42.

[10] Ex 3,7-8a.

[11] “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10)

[12] Parte de la reflexión que se presenta en este apartado es fruto de la participación en el XXI Congreso de la SOTER, realizado en Belo Horizonte – MG, Brasil en julio de 2008.

[13] Incluso de la liberación. El mismo Leonardo Boff ha sido cuestionado por sus colegas de causas liberadoras por incursionar y liderar esta nueva reflexión, y lo entienden como una desviación del norte de la causa latinoamericana.

[14] Que no necesariamente bajo ese nombre, ha sido abanderada por Leonardo Boff en múltiples escritos (como Grito de la Tierra, Grito de los Pobres), publicaciones electrónicas (RELAT) y otros trabajos (como Las 4 Ecologías en medio audiovisual).

[15] Si bien no es la vuelta a las instituciones religiosas ni a las formas tradicionales es una oportunidad para las religiones dar significado a las necesidades existenciales y de sentido del nuevo hombre y mujer de la sociedad contemporánea.

[16]  Sentido ecológico romántico y superficial (impulso por salvar una especie o sembrar un árbol para limpiar la conciencia o indignarse ante un derrame de petróleo); y sentido de lo religioso desde lo sincrético e individual (relación personal con lo Trascendente, mezcla de confesionalidad católica con manifestaciones religiosas orientales o incorporación de prácticas supersticiosas, colores, esencias, creencias).

[17] Cfr MAÇANEIRO, Marcial. Religiões, ecologia e sustentabilidade. Ponencia realizada en el XXI Congreso de la SOTER.

[18] Cfr Lc 4, 18-19.

[19] Opción realizada en Mediellín con la Segunda Conferencia del CELAM y ratificada 39 años después en Aparecida durante la V Conferencia.

[20] Cfr. Ibid. BOFF, Las 4 ecologías.

[21] “… y vio Dios que era bueno”