Entrevista sobre la Relación Religión y Medio Ambiente

14 06 2017

Entrevista de estudiantes de la Universidad Santo Tomás sobre la relación religión – Medio Ambiente; la importancia de la Ecoteología en nuestro tiempo.

 





BIENAVENTURANZAS, JUSTICIA Y REINO DE LOS CIELOS

1 10 2015

Por: Richard Acosta Rodríguez

MOTIVACIÓN
• La multiplicidad de las manifestaciones de injusticia para con el menos favorecido: Indigencia, miseria, sufrimiento, exclusión, marginación, desequilibrio, indiferencia: Signos de NO REINO.

• La vigencia del Evangelio que debe iluminar la eliminación de estructuras sociales de pecado: Parámetros, conductas o criterios de acción para enriquecer la praxis en favor del más necesitado y evidenciar la realidad del Reino.

OBJETIVOS
• Descubrir en las Bienaventuranzas de Mateo la síntesis del mensaje de Jesús y las conductas éticas necesarias para que el reino de los cielos y la justicia sean realidad en medio de la sociedad.
• Demostrar en las Bienaventuranzas la Justicia como camino del Reino.

LAS BIENAVENTURANZAS SON LA INTERPRETACIÓN DE LA TORÁ DEL SINAÍ

El acontecimiento del monte es la interpretación escatológico-definitiva de la Torá, y por tanto sobrepasa el acontecimiento del Sinaí. En aquél se descubre el auténtico significado de éste. Se establece con claridad una referencia antitética entre la torah del Sinaí y la didakhe de Jesús. Él con las Bienaventuranzas, y con el Discurso Evangélico, enseña a comprender verdaderamente la ley, requisito para permanecer en alianza con Dios. El monte es el nuevo Sinaí, lugar de la presencia de Dios, donde se reúne el nuevo pueblo para recibir la enseñanza de su voluntad.

Autores, como Jean Louis Ska, no ven el Discurso Evangélico como relectura del Sinaí ni a Jesús como el nuevo Moisés, sino el Sermón de la Montaña como una relectura de la tierra prometida y a Jesús como el nuevo Josué.

PARALELISMO JESÚS – EXPERIENCIA DEL PUEBLO

Acontecimiento Jesús Éxodo
A Egipto 2,13-14 Gn 46-47
Matanza 2,16-18 Ex 1,22
Salida de Egipto 2,20 Ex 4,19
Tentaciones en el desierto 4,1-11 Num 14,33; Dt 8,2; 29,5; Sal 95,10; Am 2,10.
Jordán (Paso del desierto a la tierra Prometida) 3,13-17 Jos 3-4
Tierra Prometida 5-7 (Sermón del Monte) Ex 19-24

Sin embargo:
 Los textos del inicio del evangelio de Mateo no tienen correspondencia
 La familia de Jesús se instala en Nazaret (¿Debió ser en Judea?)
 Pasajes que interrumpen la secuencia – se adelantan al sermón (Tierra Prometida)
 El desierto en Mateo está después del Jordán

ESTRUCTURA DEL TEXTO DE LAS BIENAVENTURANZAS (Mt 5,3-12)

3 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
reino de los cielos.

4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. (P)
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. (A)
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos
serán saciados. (P)

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. (P)
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (A)
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios. (P)

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos

LAS BIENAVENTURANZAS SON EL MARCO NARRATIVO DE LA PREDICACIÓN DE JESÚS

 Jesús exige en las Bienaventuranzas (y el Discurso Evangélico en general) una justicia que supere la de los maestros de la ley, que tenga como centro a los desdichados de la sociedad.
 Las Bienaventuranzas son el marco narrativo de la interpretación de la ley, pues con ellas Jesucristo instituye e inaugura un nuevo y definitivo orden social: el divino.

LAS BIENAVENTURANZAS CONSTITUYEN EL EXORDIO DE LA BUENA NUEVA

 Introducción, no sólo al Discurso Evangélico, sino a toda la enseñanza del Maestro
 Enseña la justicia como camino para heredar el reino de los cielos
 Actitudes que conducirán a la sociedad a la plenitud del reino de los cielos

BIENAVENTURANZAS: UNA PROPUESTA SOCIAL

 “Camino de justicia” como requisito para una nueva ordenación social
 Cada una de las sentencias de las Bienaventuranzas hacen que dicho orden sea contraste
 Cristo inaugura una humanidad nueva, la de la nueva alianza
 La contrasociedad proclamada en las bienaventuranzas, exige de la Iglesia la vivencia física, total y social de la justicia escatológica de Dios encarnada en Jesús

BIENAVENTURANZAS HOY

1. “Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos.”
Para Mateo –como se dijo más arriba- quienes tienen espíritu de pobre son “los que ponen su confianza no en los bienes materiales sino en Dios”, mientras que con la expresión reino de los cielos quiere significar el gobierno de Dios, entendido éste, como la felicidad plena de la presencia de Dios que se construye desde ahora. En otras palabras, la bienaventuranza se podría leer: Felices los que no ponen su confianza sino en Dios, porque de ellos es la felicidad de su reino.

Esta afirmación podría empezar a perfilar un significado renovado de la justicia cristiana pues, con su comprensión y vivencia, se lograría la promoción y dignificación de la persona humana según la voluntad de Dios, se comenzaría a hacer realidad el reino que Jesús inauguró; es decir, una sociedad donde los bienes son medio –no el fin- de realización; donde la “felicidad” está fundada en la esperanza de vivir en fraternidad, en comunión con la voluntad de Dios.

La seguridad de que la promesa del reino de los cielos se hará realidad, se funda en que Dios hará efectivo lo que Jesús promete. Cuando Jesús dice “es”, el futuro reino se hace presente ya para los bienaventurados, para los pobres. La autoridad de Dios respalda a Jesús, sin ella todo cuanto éste dice carece de sentido. “Quien es capaz de escuchar la promesa de Jesús, abandona toda confianza no sólo en la riqueza externa, sino la arrogancia espiritual de los fariseos y de los sacerdotes (3,7s).”

Con la internalización de esta bienaventuranza en el corazón de los seguidores de Cristo, nace una sociedad nueva, que, como Dios, “detesta” la pobreza y lucha por eliminarla de la sociedad; son una nueva generación de hombres y mujeres configurados con la voluntad de Dios, que optan por ser pobres (el no apego a lo material), por la solidaridad con el menos favorecido, por el indigente, el marginado, el desplazado de una sociedad que va en contravía al querer de Dios.

2. “Dichosos los que sufren, porque serán consolados.”
Todo el contenido de las Bienaventuranzas gira en torno a los temas de la justicia y el reino de los cielos; sin embargo, cabe decir algo de cada una de las promesas de felicidad que se encuentran en su interior. Efectivamente, aquí se señala la felicidad que causa la presencia de Jesús en aquellos que sufren; en Cristo se supera toda forma de llanto y no sólo el físico (Is 61,1-2). Mateo, como Isaías, espera el consuelo de Dios mismo y dicho consuelo se hace realidad en la promesa de Jesús. Quien sufre y confía en Yhwh, puede tener la seguridad de que Dios mismo le dará consuelo y eso es posible por la presencia del Mesías en la historia humana.

3. “Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida.”
El vocablo “humilde” designa a su vez algo “pequeño”, “bajo”, “impotente”, incluso “pobre”, y éstos son quienes heredarán la tierra prometida. Podría decirse que los protagonistas de las bienaventuranzas anteriores –los pobres y los sufrientes-, están representados también aquí, ellos se ajustan perfectamente al adjetivo “humilde”, y para ellos es la tierra prometida.

El pensamiento judío entiende la promesa de poseer la tierra en primer lugar como la posesión de Canaán (Gn 17,8) y, posteriormente, como la posesión de la tierra entera; ésta se convertirá algún día en el lugar del reino de Dios. Su espera consiste en un reino terrenal en el que Dios mismo gobierna y todos los pueblos sirven a Israel. Para el cristiano, “la tierra prometida” se refiere también al reino, con la diferencia que para ellos el reino se hace realidad en Jesucristo, a quien se “ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18) y a quien enseña en el monte a pedir que se haga la voluntad del Padre en el cielo y en la tierra (6,10). La “tierra prometida” de la presente bienaventuranza guarda estrecha relación con la imagen del reino de los cielos escatológico que se comienza a vivir en la comunidad que vive atenta los requisitos del Hijo de Dios.

4. “Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos.”
Esta bienaventuranza es paralela a expresiones de esperanza relativas a la restauración del dominio de Dios en el pueblo de Israel encontradas en Isaías, especialmente en 49,10. La celebración de la restauración del reinado de Dios se presenta como una invitación de Cristo a quienes tienen hambre y sed, para que vengan al banquete de celebración con ocasión del cual se transfiere al pueblo la “alianza eterna” hecha con David (Is 55,3-5). Se trata de una alusión al banquete escatológico donde tendrán parte quienes tuvieron hambre y sed de justicia; y serán saciados con la justicia, es decir, con la voluntad de Dios. La recompensa se da aquí y aquí se inaugura, en lo cotidiano, pero también en la presencia de Dios, donde se plenifica.

Por lo demás, es importante dar solución al hambre “física” de los hombres, tal vez procurar una vida digna para los menos favorecidos, para quienes viven en la opresión y la miseria, subsanar en algo los problemas de justicia que se anquilosan en medio de la sociedad; pero es necesario ir más allá y saciar primero el “hambre y sed de justicia” como prerrequisito, para saciar el hambre y la sed físicas. El cambio de actitud que promueva la acción se hace urgente. Quienes tienen “hambre y sed de justicia” son los que aguardan la justicia de Dios –el cumplimiento de las promesas del restablecimiento del pueblo en libertad y prosperidad (Is 45,13; 42,6.21)– y actúan para que efectivamente así sea. A quienes buscan la justicia del Señor se les asegura que están llegando velozmente, y que los fieles de Dios quedarán vindicados. Serán saciados.

Si bien el evangelio ataca sistemas que favorecen el hambre y sed físicas, sobre todo va a la raíz del problema, porque tener hambre y sed de justicia equivale a tener hambre y sed de asumir la voluntad de Dios, y su voluntad va en franca contravía a la realidad de pobreza, explotación, usura, opresión… Quien tiene hambre y sed de justicia puede estar feliz ahora, porque Cristo acompaña su lucha, porque Dios le saciará por medio de la realidad del reino, donde la justicia se sobrepone a todo signo de injusticia. Los discípulos deben tomar conciencia de que todo su obrar es voluntad de Dios, de lo contrario, el reino de los cielos no se hace presente.

5 “Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.”
La compasión no se entiende como asistencialismo ni como la mirada doliente del espectador lejano sobre el espectáculo del que sufre. La compasión es acción para con el menos favorecido de la sociedad, se entiende también como misericordia. Para Mateo es importante dejar claro que Dios no tendrá compasión de aquellos que tampoco la tienen para los demás. De igual forma, se entiende que la compasión del cristiano triunfa sobre el juicio de Dios porque él se muestra compasivo de quien se deja tocar por la relidad doliente y lucha por transformarla en signos del reino.

6. “Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.”
Es claro que Mateo insiste en sobreponer la limpieza de corazón sobre la “pureza” externa propia del ritualismo judío fiel a las disposiciones veterotestamentarias. El Jesús de Mateo exige la pureza de corazón en contraposición a la simple limpieza cúltica. Se entiende el corazón puro como la recta actitud del que nada tiene que ver con el mal y no pretende engañar al prójimo. “Por consiguiente, el corazón no es sólo la sede de los sentimientos, sino también el lugar más íntimo desde el que se configura toda la vida.” Las acciones del cristiano, así sean de piedad, carecen de sentido si no van acompañadas de disposiciones de corazón, de fe, de caridad.

Ver a Dios debe ser para Mateo de trascendental importancia, pues sólo el hecho de mencionar a Dios constituye toda una novedad si se recuerda que siempre, según la costumbre judía, hace referencia a Dios de forma velada. “Ver a Dios tal como es constituye la insuperable consumación de lo que la fe espera (1Jn 3,2).

7. “Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.”
No se trata aquí de los “pacíficos” sino de los “hacedores de paz”. “En el judaísmo de los tiempos de Jesús, la exhortación a convertirse en pacificador reviste la importancia que el mandamiento de amar al prójimo detentará en el nuevo testamento. […] ¡Paz! (Shalom) es la expresión que se utiliza para el saludo diario. Con ella se parafraseaba la salvación ya en el antiguo testamento. El que tiene paz, está salvado.” Para el Antiguo Testamento Shalom expresa todo aquello que sirve al hombre y agrada a Dios; es anunciada por los profetas en los tiempos de dificultad, y alcanzará su plenitud en el tiempo escatológico. Los seguidores de Cristo se esfuerzan por difundir la paz en el mundo, de esta forma, la paz habitará siempre en el seno de la comunidad y el corazón del cristiano.

Que el pacificador podrá ser llamado hijo de Dios constituye un regalo que está reservado para la vida eterna, sin embargo, el dicho del amor al enemigo (Mt 5,45) sostiene que dicho regalo opera allí donde la persona se entrega por completo a la voluntad de Dios y se hace semejante a él en su forma de actuar.

8. “Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos.”
La misma recompensa prometida a quienes tienen espíritu de pobre de la primera bienaventuranza se aplica ahora para quienes son perseguidos por hacer lo que es justo: “Porque de ellos es el reino de los cielos” (5,3.10). De esto se puede decir: quienes confían plenamente en Dios y también quienes son perseguidos por hacer su voluntad tendrán en propiedad el reino de los cielos.

Los temas de la justicia y la recompensa del reino de los cielos, abren y cierran el texto de las bienaventuranzas. La felicidad que Cristo anuncia, parte así, del cumplimiento de la voluntad de Dios, de su alianza, de la caridad fraterna, y culmina en la realización de una humanidad nueva que vive en la presencia de Dios. “Alégrense, estén contentos” (3,12) es el estribillo de cierre y que expresa la alegría y el gozo de vivir en relación de alianza bajo el dominio de Dios.

Pero “hacer lo que es justo” no es un camino de paz y tranquilidad, es un camino de persecución, incomprensión, rechazo; pues lo que es justo, la voluntad de Dios, puede para muchos significar el desmonte de grandes imperios, el reconocimiento de estructuras de pecado y exclusión, la aceptación de que se está oprimiendo al propio hermano. De ahí la recompensa tan grande, ella sólo será el resultado de “hacer lo que es justo”; el reino de los cielos no llegará mientras prevalezca la injusticia institucionalizada.

El sí de Dios va a los que dependen de él y a los que esperan en él; ese sí se hace realidad en la afirmación autorizada de Jesús, aunque la realización visible de la promesa compete exclusivamente a Dios y se convertirá en realidad en la venida de su reino. “La acción propia de Dios traerá el reino, consuelo, herencia, saciedad. Pero Jesús, con la plena autoridad de Dios, promete ya hoy lo que sucederá en otro momento a aquel que esté dispuesto a prestar oído a su palabra y permite que ella fructifique.”

Bibliografía

ACOSTA, Richard. JUSTICIA Y REINO DE LOS CIELOS EN LAS BIENAVENTURANZAS DE MATEO. Javegraf. Bogotá. 2007.





JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS, Perspectiva Bíblica

2 06 2015
  • Motivación

La motivación de esta breve ponencia es doble; por un lado, la multiplicidad de las manifestaciones de injusticia, evidenciadas en Desplazamiento o movilidad forzada, sufrimiento, exclusión, marginación, engaño e indiferencia, no pocas veces acompañadas de Indigencia, miseria. En fin por los Signos de NO REINO.

De otro lado, se halla la vigencia de la Sagrada Escritura, en especial el Evangelio, que debe poder iluminar la eliminación de dichas estructuras sociales de pecado: ¿Podremos encontrar en ella y él, parámetros, conductas o criterios de acción para enriquecer la praxis en favor de las víctimas y evidenciar la realidad del Reino presente?

  • Justicia en el Antiguo Testamento

La noción de justicia es, con toda seguridad, una idea clave en la existencia humana. De igual forma, en la Biblia, es un tema determinante para comprender la experiencia religiosa del pueblo de Dios y la forma de interacción entre las personas. La vivencia que de la justicia se pueda tener, influye de manera significativa en la propia experiencia de Dios.

Expresiones como “era la voluntad de Dios esta tragedia”, “por algo Dios lo hace sufrir”, “¿Por qué Dios me pondrá estas pruebas?”, entre otras donde se le asigna a Dios la desgracia o el sufrimiento de las personas, demuestran la tendencia a comprender a Dios en parámetros de “justicia”, y de una que consiste en dar a cada cual lo que le corresponde o se merece. Debo decir con VERKINDÈRE: “los hombres unen estrechamente a la experiencia de la justicia su noción de Dios, hasta el punto de que la experiencia de la enormidad de las injusticias conduce a muchos hombres a negar a Dios […] muchas veces Dios puede ser reducido a las concepciones demasiado humanas de la justicia.”[1] Efectivamente el tema de la justicia va de la mano con el de la voluntad de Dios; pero es necesaria la tarea de aclarar y purificar la noción que se posee del concepto justicia.

La palabra justicia puede ser relacionada fácilmente con juicio, sin embargo, debe quedar claro que en el Antiguo Testamento ha de ser entendida según la mentalidad hebraica, pero no únicamente como un conjunto de normas objetivas sino como un concepto relacional; no ha de entenderse como la aplicación imparcial de las leyes formales de Yhwh; es más bien “una de las manifestaciones de la fidelidad amorosa de Dios a su alianza”,[2] la conducta recta de Dios, pero también de los hombres; el cumplimiento de deberes y derechos, pero éstos como resultantes de la relación de la comunidad con Dios y entre sus miembros y no como realidades abstractas.

Se puede hablar de la justicia de Yhwh, en su comportamiento justo que salvaguarda la ley en el pueblo y lo protege proporcionándole victorias sobre sus enemigos (los triunfos militares de Israel son prueba de la justicia de Yhwh); y también de la justicia de Israel como pueblo, cuando éste es fiel a la alianza y sus preceptos; gracias a su fidelidad, Israel puede contar con la intervención divina en todos los peligros a que se vea enfrentado.

La justicia, de todas formas, será en adelante una forma de vida, de fidelidad a una relación de comunión concreta, de asumir la voluntad de Dios (contenida en la Ley). La forma de evidenciar esta fidelidad, el cumplimiento de la Alianza, es decir, la vivencia de la justicia, se halla en los diferentes códigos veterotestamentarios.

Código de la alianza (Ex 20,21-23,19)

El Código de la Alianza legisla explícitamente la protección de las clases más débiles. Hacer justicia –por parte del pueblo- es cumplir la voluntad de Yhwh, y allí su voluntad se muestra a favor de: “la viuda, el huérfano y el extranjero” (Quienes no poseen tierra). El no poseer tierra es la más clara forma de vulnerabilidad; es el susceptible de ser explotado o marginado.

 

Y es en medio de las prescripciones de justicia para con Dios, que aparecen otras de corte social; la fidelidad a YHWH es incompleta si no se pasa por la fidelidad al otro, y al otro que sufre.

  • Código de la alianza (Ex 20,21-23,19)

            20,21-26  Contra la idolatría

            21,1

                             Primera parte:

                             16 mandatos

                                                                                            Código de la Alianza:

            22,19                                                              Leyes que regulan la vida

            22,20                                                              social.

                             Segunda Parte:                              Inclusión: normas cultuales

                             Inclusión de corte social

                             Tema central: Justicia Social

                             Centro: prescripciones cultuales

            23,9

23, 13-19 Contra la idolatría

“No maltrates ni oprimas al extranjero, porque ustedes también fueron extranjeros en Egipto” (Ex 22,21).

“No oprimas al extranjero, pues ustedes fueron extranjeros en Egipto y ya saben lo que es vivir en otro país” (Ex 23,9).

La justicia para con Dios incluye la consideración con aquel que está lejos de su patria, de su tierra, de su “lugar”. Se nota de esta forma un afán, al interior del pueblo de Israel, por conformar un pueblo justo, es decir, atento a cumplir la voluntad de Dios y que procura establecer una nueva sociedad, donde nadie sea oprimido ni marginado, donde al pobre se le trata con dignidad. El pueblo de Israel ha de ser en adelante luz de las naciones, pues de acuerdo a su memoria histórica, nadie (ni siquiera el extranjero), debe pasar nuevamente por el escarnio de la opresión en tierra extraña; Israel está llamado a ser la sociedad ideal, ejemplo para las demás, una sociedad contraste para con su pasado y las naciones contemporáneas, contraste porque vive en fidelidad a la alianza con Yhwh y con su hermano.

El objetivo de la alianza y la ley es lograr una comunidad que apela por la justicia social.

 

“Claramente he visto cómo sufre mi pueblo que está en Egipto.

Los he oído quejarse por culpa de sus capataces,

y sé muy bien lo que sufren.

Por eso he bajado, para salvarlos del poder de los egipcios…”

(Ex 3,7-8a)

  • Código deuteronómico (Dt 12-26)

Llama la atención la presencia de un sentido fuerte de responsabilidad social, sobre todo, porque nuevamente, de la mano a las disposiciones religiosas, se hallan otras de orden social; se acentúa nuevamente la idea de comprender la relación con Dios acompañada de las relaciones sociales, especialmente para con los más necesitados. Una relación de fidelidad a Yhwh con desconocimiento del hermano oprimido, no es coherente ni se puede entender. Es así como se comprende la fe de Israel (relación vertical) de la mano con el cumplimiento de las normas sociales (relación horizontal) para hacer manifiesta la presencia de Yhwh en medio del pueblo.

(1)                                              12,2-27: Leyes del santuario

(2) 12,29-13,19: Contra la idolatría

Aspectos                     (3) 14,2-21: Leyes de pureza

(4) 14,22-16,17: Obligaciones religiosas

Cultuales                                                “con responsabilidad social”

18        (5) 16,18-18,22: Constitución civil

18,15-22: Papel de Moisés y los profetas

relación ley-

don de la tierra

19        (6) 19,1-21: Normas relativas al homicidio

Asuntos                       (7) 20,1-21,14: Comportamiento en la guerra

Judiciales                    (8) 21,15-25,19: leyes varias

y seculares      26        (9)                                                 26,1-25: Ofrendas de

primicias y diezmos

Aquí el sujeto vulnerable es el hermano, y cuando se le presta ayuda al más necesitado, es al hermano a quien se está ayudando (15,7.9.11-12). Así, La justicia se convierte en el criterio de pertenencia al pueblo y requisito para ser alcanzado por las bendiciones de Yhwh, entre ellas, la de la posesión de la tierra (16,20).

 

  • Código de santidad (Lv 17-26)

Las expresiones del código que hacen referencia a la santidad del pueblo contienen una intención moral comunitaria, dado que exhorta al “cumplimiento intachable de las obligaciones sociales” como conducta que está de acuerdo con la santidad divina. Dichas obligaciones están contenidas en la ley, que son la voluntad de Yhwh.

Este código pone la medida del amor a sí mismo como la medida del amor al prójimo (Lv 19, 18b; cf. 19,3-4.10.12.14.16). Sin embargo, aquí, prójimo no halla su límite en el otro israelí (el hermano en el código deuteronómico) sino que abarca al no judío; trasciende las fronteras religiosas e incluye al extranjero que habita en Israel en el círculo de fraternidad.

 

Justicia en el Nuevo Testamento

Como corpus, la obra paulina es la que más hace mención de la palabra justicia; sin embargo, como libro, es el de Mateo el que tiene como centro los temas de la Justicia y el Reino. En él, el acontecimiento del monte es central: es la interpretación escatológico-definitiva de la Torá; y por tanto sobrepasa el acontecimiento del Sinaí. Jesús con las Bienaventuranzas, y con el Discurso Evangélico, enseña a comprender verdaderamente la ley, requisito para permanecer en alianza con Dios.

El monte es el nuevo Sinaí, lugar de la presencia de Dios, donde se reúne el nuevo pueblo para recibir la enseñanza de su voluntad.

Las bienaventuranzas son el marco narrativo de la predicación de Jesús

Del sermón de la montaña, el texto de las Bienaventuranzas constituyen el exordio. En ellas Jesús exige (y en el Discurso Evangélico en general) una justicia que supere la de los maestros de la ley, que tenga como centro a los desdichados de la sociedad.

Las Bienaventuranzas son el marco narrativo de la interpretación de la ley, pues con ellas Jesucristo instituye e inaugura un nuevo y definitivo orden social: el divino.

Bienaventuranzas: Palabra de Justicia y Reino

Y los temas fundamentales de la Bienaventuranzas son la Justicia y el Reino de los Cielos. Los v.v. 3 y 10, conforman la inclusión de la promesa presente del Reino para quienes obran, buscan y trabajan por la justicia. Cada Bienaventuranza que la contiene es la alegría de quienes ponen su esperanza en Dios en medio de las atrocidades del mundo, de un orden social descompuesto; cada recompensa es la promesa del Reino ahora (“de ellos es”), pero permeado por la justicia, es decir, por la fidelidad para con Dios (4-6) y el otro (7-9).

 

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el

reino de los cielos Å

4  Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierraÅ

6  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados Å

7  Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8  Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

9  Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque     de ellos es el reino de los Cielos

Las bienaventuranzas constituyen el exordio de la Buena Nueva

Las Bienaventuranzas enseñan la justicia como camino para heredar el Reino de los Cielos. En ellas se hallan las Actitudes que conducirán a la sociedad a la plenitud del Reino. Las víctimas de un orden social aberrante son felices en la medida que ponen su confianza en Dios, en que sufren con esperanza, pero también en la medida en que asumen una actitud de reconciliación y misericordia, trabajando por la paz. Ellos son los herederos del Reino, de la voluntad de Dios.

 

Bienaventuranzas: una propuesta social

Para concluir, resta insistir en el “Camino de justicia” como requisito para una nueva ordenación social. Pero no meramente dar a cada cual lo que le corresponde, sino con relaciones fraternas, con determinación por el otro, con el respeto por la dignidad de quien es imagen y semejanza de Dios.

Cada una de las sentencias de las Bienaventuranzas hacen que ese nuevo orden social sea contraste. La contrasociedad proclamada en las Bienaventuranzas, exige de la Iglesia la vivencia física, total y social de la paz escatológica de Dios encarnada en Jesús, pero ésta sólo se dará mediante un ordenamiento social distinto, uno basado en la no violencia. “La paz universal de los pueblos será posible cuando Dios levante en medio de los sistemas mundiales basados en la violencia un contrasistema cimentado en la no violencia.” (LOFHINK). Si acaso los profetas hablan de la construcción social de una realidad terrena, la comunidad mateana comprende perfectamente el sentido escatológico, ella entiende que vive ya en el nuevo eón, en medio del viejo: La Iglesia de Cristo es ya una nueva creación (cf. 2 Cor 5,17). “La paz de los pueblos prometida por Is-Miq se ha convertido en realidad social en la Iglesia.” Cristo inaugura una humanidad nueva, la de la nueva alianza. La contrasociedad proclamada en las bienaventuranzas, exige de la Iglesia la vivencia física, total y social de la justicia escatológica de Dios encarnada en Jesús

[1] VERKINDÈRE, Gérard. La Justicia en el Antiguo Testamento. Cuadernos Bíblicos N. 105. Verbo Divino.  Navarra. 2001. p. 5.

[2] EICHRODT, Walter. p. 219.





ECOLOGÍA – TEOLOGÍA – SAGRADA ESCRITURA. Un trinomio imperativo en la actual crisis socio-ecológica

2 06 2015

Por Richard Acosta Rodríguez

Diluvio siglo XXI d.C.: el ser humano ¿El “satán de la Tierra”?

Las actuales generaciones y las venideras afrontan una problemática inaplazable, los signos de los tiempos señalan la existencia de una crisis real, de vida o muerte, que ha sido suficientemente sustentada por las ciencias naturales y sociales: la crisis medioambiental provocada por la acción del ser humano, la especie sapiens de la biósfera. Por primera vez la humanidad en su evolución se ve avocada a “frenar” o por lo menos disminuir su carrera consumista-depredadora desatada principalmente desde la Revolución Industrial y que ha llevado al planeta a los límites de un nuevo cataclismo en menos de 300 años.[1] En efecto, la especie homo[2] se ha constituido en la primera capaz de provocar un cataclismo global,[3] precisamente la única de entre todas las criaturas que fue pensada[4] y gestada a imagen y semejanza de la Comunidad Trinitaria y a la que el Hacedor le dio la orden, más bien “bendición”,[5] de “dominar”, de “someter” su creación.[6]

Es innegable que la creación de Dios, trabajo amoroso y paciente de miles de millones de años, se encuentra en grave peligro, como también lo es, que lo está por causa de la “maldad” humana, situación que recuerda el relato del Diluvio[7]. Hoy pesan las duras palabras de YHWH donde reconoce la responsabilidad humana en la tragedia de la creación:

“Viendo Yahvé que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, le pesó a Yahvé de haber hecho al hombre en la  tierra, y se indignó en su corazón. Y dijo Yahvé: «Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado -desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo-, porque me pesa haberlos hecho… La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias. Dios miró a la tierra y vio que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con todo viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra…” (Gn 6,5-7.11-13).

¿Se ha convertido el ser humano en el “satán de la Tierra” [8]? Veamos:

  • Por causa del actuar humano, la temperatura pronto aumentará 2ºC.
  • Hay una fuerte correlación entre el incremento de las temperaturas y la intensificación de los fenómenos climatológicos externos como sequías, huracanes (el número de huracanes de categoría 4 y 5, se ha duplicado en los últimos 35 años), inundaciones (si un sistema de drenaje está diseñado para responder a 1,5 pulgadas de lluvia en 24 horas, y llueve 9 pulgadas se destruye la agricultura, se afecta el modo de vida, trae consecuencias los recursos, se afecta el equilibrio en el mar).
  • Estos fenómenos impacta sobre el sector más vulnerable del cambio climático: la agricultura (entiéndase escasez, carestía, desempleo, hambre,). Si la temperatura cambia, la producción agrícola también cambia.
  • Los extremos sequías-inundaciones, por ejemplo en el Amazonas, está acaeciendo graves daños sobre la selva más importante del planeta, sobre ¼ de la extensión de selva en el mundo; se calcula que el Amazonas se reducirá entre un 30% y un 50% en su extensión, las cuales serán sustituidas en sabanas tropicales.
  • Si la temperatura del mar sigue en aumento, miles de especies marinas morirán, los ecosistemas se alterarán, el sistema de refrigeración del planeta se obstruirá; se causará una grave afectación en las dinámicas medioambientales que terminarán afectando al mismo hombre.
  • Entre los años 1500 y 2000, el ser humano deterioró del medio ambiente llevándolo a su límite; ha acabado con las especies y ha hecho un daño irreparable en la biosfera[9]; ha exterminado el 20% de todas las especies y ha devastado una quinta parte de toda superficie cultivable.

Y si lo anterior no pinta nada alentador, el panorama es más grave aún en las naciones oprimidas (mal denominadas subdesarrolladas o en vía de desarrollo, como si desarrollarse implicara la depredación del entorno y del otro), donde los gobiernos implementan políticas, nada compasivas con el pobre y con el medio ambiente; lejos de esto, dichas políticas resultan ser favorables para las multinacionales, la industria, el supuesto “desarrollo”. Así las cosas, la problemática deja de ser meramente ecológica y pasa a ser más bien socio-ecológica.

En efecto, en el Continente de la Esperanza priman megaproyectos como la minería, los hidrocarburos, la concentración de tierras, la explotación de recursos a manos de empresas transnacionales, las concesiones, la exploración petrolera, los proyectos hidroeléctricos y muchos más,[10] políticas para su ejecución requieren de una doble afectación ambiental-humana: por un lado, de la contaminación de los elementos (agua, tierra, aire), del acaparamiento y consecuente escasez de los recursos, de la eliminación de los ecosistemas, los bosques y las especies, de la agresión al equilibrio medioambiental, configurando un atentado a la vida de miles de especies que habitan el planeta, incluida la humana; y por otro, de la afectación principal de las mayorías pobres del planeta representadas en grupos, comunidades, familias, campesinos, etnias, comunas, favelas, etc., todos en situación de franca desventaja pues son quienes reciben el primer y más duro impacto de dichas políticas, reflejadas en expropiación de tierras, movilidad humana, desplazamiento, arrebatamiento de recursos de sustento, cambio de dinámicas relacionales con la tierra, contaminación de sus fuentes de trabajo, desnutrición, hambre, enfermedades y muerte.

Este nuevo estadio de conciencia mundial frente a la incertidumbre por el futuro de la vida está cambiando las maneras de pensar, ha empujado al ser humano a replantear las dinámicas relacionales para con el planeta moviendo organizaciones, grupos sociales, instituciones, incluso gobiernos e industrias a realizar pronunciamientos y tomar medidas con el fin de paliar –infructuosamente aún- las consecuencias de haber devastado el oikos,[11] único lugar habitacional de los hechos a semejanza de su Creador.

Ante esta crisis innegable se levanta como bandera y solución a la problemática el llamado desarrollo sostenible, aparente posibilidad de continuar los niveles de desarrollo y consumo garantizando a la vez las condiciones medioambientales y sociales mínimas vitales; para otros, simple falacia de las potencias y multinacionales, pseudo-alternativa que pretende mantener la carrera desarrollista y, a la vez, apagar las alarmas de la evidente crisis ecológica. Con el supuesto desarrollo[12] sostenible se trata de que el desarrollismo no se vea afectado, interrumpido o limitado por la crisis medioambiental.

Si en la discusión “sostenible” no se contempla el minimizar los niveles de desarrollo, industria, contaminación y consumo, sobretodo de los agentes que mayoritariamente los generan, y a la vez se pretende disminuir las consecuencias ambientales y sociales, la situación, antes que sostenible resultará más bien insostenible, esta lógica será más bien una ilógica, pues mantener el desarrollo y crecimiento económico de las naciones y grupos poderosos, tal como está concebido actualmente, sólo es posible con el detrimento del planeta, la explotación indiscriminada de los recursos y, sobretodo, con la sostenibilidad de la pobreza y la miseria de las mayorías,[13] pues “los niveles de desarrollo y consumo de los pueblos más ricos solamente son posibles si se mantiene esta desigualdad radical en el seno de la humanidad, pues los recursos del planeta no son de hecho suficientes para que esos niveles sean universalizados”.[14]

Si se ha de hablar de sostenibilidad deberá hacerse pensada desde el bienestar de todo el género humano y desde la viabilidad planetaria, con lenguaje y acciones inclusivos, libre de falacias o paliativos solapados; se ha de hablar de sostenibilidad medioambiental, social, justa y dignificante, de sostenibilidad para la comunidad cósmica, pues sin ésta no es posible ninguna otra.

Y la teología ¿tiene algo que ver en este panorama desolador?

Es apenas evidente que la situación es dramática e imperativa para la humanidad, que es determinante afrontarla para continuar existiendo. Es así como un sinnúmero de ciencias, disciplinas, tecnologías, organizaciones, compañías, medios de información y comunicación vienen pensando la crisis ya desde hace algún tiempo y están haciendo esfuerzos ingentes por tratar de encontrar una salida o al menos un paliativo a tan caótico problema.

Incontables son las iniciativas, proyectos, investigaciones, inventos y campañas al respecto, pues cada vez hay mayor conciencia de que la ambición humana y su injusticia, es decir, su maldad, al imprimir el duro azote sobre el otro, su hermano, impone a la vez una carga insoportable sobre el Planeta, y viceversa, la afrenta implacable contra la creación trae graves consecuencias sobre los menos favorecidos. De ahí que la crisis ecológica sea también crisis social, ética y espiritual.

Todo este panorama se configura en los nuevos signos de los tiempos, espacios desde los cuales las voces de la humanidad y el cosmos al unísono claman por el salvamiento de la Tierra y de la misma raza humana.

Este grito, que no termina de ser escuchado, reclama la participación también de la reflexión teológica de tal forma que interpele al género humano para que ya no obre como ente depredador-arrasador de todo cuanto encuentra a su paso, incluso de su hermano mismo, sino para que le ayude a hallar su lugar como parte de una inmensa red de relaciones dinámicas, dependientes e interdependientes, en movimiento, de fraternidad-sororidad con el planeta que habita. Le corresponde a la reflexión teológica, incluso, redimir la cosmovisión cristiana heredada e impuesta desde la modernidad que distorsionó la designación del hombre como “dominador”-“sometedor”[15] del Génesis y la entendió y predicó como sinónimo de depredación.

Sin embargo, muy por el contrario, la ciencia de la fe no se pronuncia aún como le corresponde. En no pocos casos se siente atada por el temor a ir más allá del límite académico y de los marcos epistemológicos establecidos o simplemente se preocupa por permanecer en los lineamientos canónicos “ortodoxos” ordenados por los tradicionalismos que pueden, a la final, resultar más cómodos; está desperdiciando el invaluable potencial integrador y transformador que tiene en su haber y que podría aportar significativamente al tema de esta reflexión.

Es imperativo afirmar que la apuesta por contribuir a esta emergencia es también competencia de la teología, ciencia que no puede cerrar los ojos a su responsabilidad ante esta situación pues, en su debido momento fue promotora también de la actividad desarrollista por medio de la interpretación dominante-desarrollista de ciertos textos bíblicos; también porque se trata de una crisis que afecta no solo la supervivencia de la especie humana sino la existencia digna de los más pobres, de los grupos socio-económicamente oprimidos, es su responsabilidad “decir” cuando el hombre está en peligro, sobretodo el “pequeño” del Señor; además, porque no se puede seguir permitiendo el axioma que califica el pronunciamiento teológico de retardario, anacrónico o reactivo ante las problemáticas vitales, dramáticas y sensibles por las que atraviesa el género humano y el medio que le alberga.

En efecto, tradicionalmente la teología (cristiana) se ha preocupado más por el desarrollo de la reflexión eclesiológica, cristológica, exegético-hermenéutica, soteriológica, escatológica, etc., pero no le ha dado la real importancia al “lugar” desde donde ella se hace posible, el lugar que le ha proporcionado los recursos para comunicar la Palabra, donde se celebra la liturgia y se congrega la Iglesia, desde donde se gesta la salvación y se inaugura el Reino, donde aletea el Espíritu Paráclito. Definitivamente, la teología (cristiana, no así las orientales, menos aún las indígenas-animistas) tiene una deuda inmensa con la Creación en su reflexión pero sobretodo en su defensa, más cuando en su momento contrapuso lo sobrenatural y lo natural, y enseñó a huir de lo material, de lo profano por considerarlo malo, contrario a lo espiritual, a lo estimado por Dios.

Si es verdad que la teología funge como mediadora entre la cultura, las dinámicas humanas y el significado-función de una religión dentro en ella,[16] si debe satisfacer la necesidad de la afirmación de la verdad del mensaje cristiano y su interpretación para cada nueva generación,[17] se entiende entonces que la teología se mueve y se recrea conforme las transformaciones de la cultura, que tiene un valor dinámico, que interpreta la íntima relación-diálogo de la verdad eterna de Dios y la situación histórico-temporal en la que esa verdad eterna debe ser recibida.

Se deduce entonces que Dios está diciendo su ser y se está autorevelando en esta nueva situación que viven las generaciones contemporáneas, y si así es, corresponde entonces a la teología, en este caso a la eco-teología, identificar ese actuar de Dios, su revelación, su salvación, en la historia humana, dinámica, cambiante, diversa y multiforme donde se opera la salvación.

Por esto corresponde a la teología estar atenta y responder a la situación, a las nuevas realidades, a los nuevos retos que propone la realidad humana que por el ejercicio de su libertad pone sobre la mesa nuevas formas de desafíos, nuevas formas de opresión, de destrucción, de esclavitud, de pecado; es tarea del teólogo encontrar la acción salvadora de Dios, su autorevelación en los nuevos areópagos, en las nuevas realidades humanas y en las distintas formas de alienación, pues la salvación de Dios está obrando en la historia;[18] si la teología no hace esto, simplemente caería en el riesgo de pasar a ser un discurso no pertinente.[19] Si la teología ha de ser impertinente, ha de serlo al ejemplo de Jesús, el Cristo, quien importunó el statu quo y las estructuras alienantes y opresoras de su contexto.

La crisis necesita de la palabra que tenga que decir la teología y de la formación valiente en el seno de las universidades y la academia, de nuevos teólogos, de biblistas que tomen participación epistemológica sin miedo y que desde las diversas oportunidades que brinda la amplia y compleja ciencia teológica: la interpretación de la Sagrada Escritura, la pastoral, la Teología Sistemática, la praxis, la teología moral etc., consiga establecer areópagos de transformación de las dinámicas relacionales para con el tercer planeta de nuestro Sistema. La problemática planteada es la nueva realidad que impide la realización del Reino[20] pues se halla en plena contravía del Evangelio de Jesucristo; toda ella tiene su raíz en el obrar humano y en el rompimiento de la alianza fraternal-sororal para con los demás y con la Creación. Como es realidad de anti-vida (muerte) y anti-Reino, es realidad que compete determinantemente a la ciencia teológica. No se trata de estar en contra del desarrollo sino de hacerlo inclusivo, humano, social, vital, equitativo; de impregnar de conciencia y justicia los intereses de producción y de comercio. En definitiva se trata de la palabra que puede pronunciar la teología, sobretodo latinoamericana, para rescatar el verdadero y profundo significado de la ecología (oikos-logos) en cercanía y complementariedad con la economía (oikos-nomos), iluminada, exhortada con voz profética y reflexionada por la teología.

No se entienda que nada se está haciendo en teología al respecto; muy por el contrario la reflexión eco-teológica, como teología contextual que contempla la relación teología-medio ambiente-oprimido, se levanta como voz profética que anuncia y denuncia en medio de este signo de los tiempos con una rica producción investigativa, congresos, pronunciamientos, apuestas de diversas índoles. Lo que se está afirmando hasta aquí es, por un lado, que aún no es suficiente esta voz y, por otro, que las líneas más “oficialistas” de la teología tradicionalista no respaldan ni forman en este estadio y, por el contrario, muchas voces se esfuerzan por descalificarlo. En efecto, desde el corazón de la Teología de la Liberación, la perseguida Ecoteología, viene remando en contracorriente y en contraviento con esfuerzos por decirse y decir el Reino en medio de los signos de muerte que se imponen.

Es cierto que la Teología contextual conocida como Ecoteología lleva un significativo camino recorrido desde los albores de su reflexión hace aproximadamente 40 años -en el seno de la Teología de la Liberación, donde se gesta[21], bajo denominaciones como Teología de la Tierra o Teología de la Creación o, como se le conoce más recientemente, como Ecoteología o Teología Ecológica-, pero también lo es que todavía no termina de ocupar el puesto y la importancia que amerita dentro de la reflexión teológica, en su producción académica, en los currículos de las facultades, en la investigación.

La reflexión ecoteológica, en su tierna historia, ha evolucionado, ha pasado por variados estadios en su reflexión, ha podido pasar de una visión antropocéntrica que contempla posturas sobre el cuidado-administración de un algo, de un objeto que debe ser tenido para el bienestar y provecho humanos porque es cuestión de vida o muerte, hasta proponer, en las concepciones más contemporáneas, el entendimiento de la tierra como un sujeto, un alguien con quien el ser humano se relaciona, con dignidad de criatura, concibiéndole como un organismo, como Gaia, una entidad interdependiente y compleja de la cual el ser humano depende y forma parte. Infortunadamente, este esfuerzo aún no es bien recibido y los teólogos que se atreven a incursionar en esta nueva apuesta de la Teología, se han visto criticados o desacreditados, incluso por sus mismo colegas de la Liberación. Proponer que la Tierra es sujeto puede causar incomodidad o hasta inaceptabilidad, sin embargo de eso se trata la labor investigativa, de ayudar a tejer la ciencia teológica, de proponer nuevos paradigmas, de saber hacer lectura desde la fe de las crisis y eventos que atentan contra la vida, de procurar descubrir los designios de Dios y los lugares de su Revelación allí donde aún no se le encuentran.

La reflexión ecoteológica, como nuevo paradigma hermenéutico,[22] ha de propiciar el repensar del ser humano como un ser en relación: consigo, con el medio, con los otros y con el cosmos;[23] es su deber epistemológico pensar y proclamar la comprensión del homo como parte determinante de un todo armónico, que le ayude a comprender que su actuación afecta las dinámicas de la comunidad cósmica, de la tierra, único lugar que puede hoy habitar, lugar que sin el ser humano, aunque se lea fuerte, quizá existiría “mejor” porque con él está al borde del colapso pues, el ser humano, se ha convertido en el “virus” de las demás formas de vida planetaria.[24]

La ecoteología, finalmente, demanda de una opción profética por la vida austera de cara al consumismo y la codicia que todo lo acapara y acumula; de una actitud propositiva y denunciadora frente a los conflictos estructurales que llevan a la destrucción del oikos, de los recursos comunes para toda la humanidad; de una toma de posición decidida y crítica a favor de a quienes menos llegan –o no llegan- los beneficios del capitalismo, la ciencia, la tecnología, el desarrollismo.

Desde otras teologías contextuales, de manera rica y productiva, se ha potenciado toda una reflexión en materia ecología-teología. La dimensión sacramental de la Creación por ejemplo, ya sea por la presencia de Dios en la naturaleza (Pan-en-teísmo en contraposición al panteísmo), ya por la presencia de Dios en la perfección extremadamente compleja y ordenada de su Creación posible sólo por una Inteligencia Superior, o por el misterio de la encarnación (Emmanuel: Dios con nosotros) por medio del cual Dios se hace Criatura entre las criaturas, se hace material como su obra. Otro tanto se ha hecho desde el Diálogo Interreligioso con la valiosa comprensión de Pacha Mama o Gaia propiciadora de la vida y gestora del hombre, o la relación armónica panteísta del Brahamanismo, o el respeto a toda forma de vida del Hinduismo. Desde la teología femenina se comprende la Tierra como solidaria con el género femenino, a la vez fértil, gestora de vida y explotada, maltratada, olvidada. Poco a poco Teologías contextuales se unen a las voces de millones que reclaman acciones concretas y eficaces, desde diversas ciencias y organizaciones, desde la escuela y oficina, por hacer lo necesario y éticamente responsable, en medio de una realidad imperiosa si es que con vida, y vida digna para todos y todos los seres, se quiere tener.

Sin embargo, otra es la voz, al hablar de la reflexión bíblica, o del trinomio: ecología – teología – Sagrada Escritura. Más vacíos y problemas se hallan todavía a la hora de escudriñar la reflexión bíblico-eco-teológica de las categorías comunidad antropo-teo-cósmica, Creación-sacramento, alianza Dios-hombre-tierra.

 

Una Ecoteología bíblica

Si hay problemas y disensos al hablar de Ecoteología como teología contextual de la Liberación, con mayor razón los habrá al proponer una Ecoteología Bíblica. Por supuesto, los rigorismos histórico-críticos y exegéticos se “rasgan las vestiduras” sosteniendo que en la Biblia no hay crisis medioambiental o que las referencias bíblicas a la creación poco o nada tiene que ver con una conciencia ecológica, menos aún al pretender sustentar una alianza atropo-teo-cósmica. Puede que no fueran las crisis o intencionalidades propias de los contextos bíblicos, sin embargo, tampoco se puede negar, sin más, la inmensa riqueza transversal en toda la Sagrada Escritura de sensibilidad por la creación, de identidad y búsqueda por la tierra, de la relación íntima hombre-tierra, de la co-dependencia entre ambos, de las consecuencias negativas que trae sobre el hombre y la tierra la maldad en el corazón humano, la añoranza de la nueva tierra, etc. Son éstas y muchas más las invaluables oportunidades para hacer de la Palabra, una palabra viva y eficaz,[25] que también “habla” al hombre actual y le exhorta en medio de la crisis y de su responsabilidad. No puede olvidar el teólogo que la Palabra de Dios se dice no solo en las negras sino en las blancas.[26]

Es imperativo manifestar la necesidad y la oportunidad de ampliar y motivar una ecoteología bíblica aún incipiente, que haga patente el carácter vivo, actualizante y dinámico de la Palabra que penetra las realidades y las ilumina. El teólogo junto con la comunidad creyente-lectora encuentra en la Sagrada Escritura la palabra viva, exhortativa y transformadora de realidades pecaminosas, alienantes y, a partir de ella, replantea las relaciones como de dependencia, solidaridad e interacción entre las criaturas de Dios, pero sobre todo y primeramente, la causa del ser humano victimizado por la maquinaria desarrollista.

Ya durante siglos la hermenéutica favoreció una lectura teocéntrica y antropocéntrica de las Escrituras, es menester ahora por las características propias y emergencias vitales potenciar una hermenéutica cosmocéntrica o, mejor aún, antropo-teo-cósmica, que responda a los nuevos clamores de la vida planetaria.

El principal obstáculo para esta tarea es la falta de interés y apoyo educativo-pedagógico para con esta causa, también en el seno de las facultades de teología. Los académicos de la teología deben entender que su ciencia se levanta como una fundamental e integradora (trata de fe, experiencia, praxis, cultura, historia, literatura, moral, ética, antropología, filosofía, trascendencia, etc.), con muchas posibilidades de pronunciarse y ser escuchada, con voz profética fundamental para estos tiempos; deberán también ser conscientes de que en las circunstancias descritas su silencio o indiferencia, su falta de palabra podría configurarse en una falta de omisión y en una clara muestra de desinterés por una problemática evidentemente sensible, imperiosa y decisiva que atraviesan las generaciones postmodernas.

En la Sagrada Escritura,[27] fuente y referente de toda teología cristiana, el teólogo encuentra una riquísima oportunidad de trabajo hermenéutico contextual, que ilumina bellamente pero también proféticamente, todo lo hasta aquí dicho. Como se señaló arriba, toda la Biblia se encuentra impregnada de la referencia al cosmos, a la tierra, a la creación, a las criaturas, a los fenómenos naturales en constante interacción con el ser humano, sobretodo y llamativamente, con el pueblo sufriente, oprimido, perseguido, excluido. No se aportan más que algunos ejemplos introductorios a manera de invitación pues son demasiados; en cada uno de ellos se presenta la oportunidad de escuchar a Dios hablando (no en simple pretérito) y de exhortar al género sapiente de la biósfera terrestre a recapacitar y modificar sus dinámicas relacionales para con el planeta.

Un trabajo especial se ha realizado en la exégesis de Gn 1, con todo el esfuerzo resignificador que presupone rescatar un texto que por mucho sirvió para justificar la explotación ilimitada e inmisericorde de la Tierra. Hoy hay nuevas interpretaciones contextuales, que recurren al pensamiento y cosmovisión propias del Oriente Antiguo, y que permiten leer el primero capítulo del primer libro de la Biblia con una mirada ecoteológica justa, respetuosa de su entorno, rescatando el significado de la creación como obra “buena”,[28] por la adecuada comprensión de la designación del hombre como dominador-sometedor,[29] e imagen y semejanza[30] de su Creador. También la relación hombre-tierra (Adam-Adamá), su origen de la tierra y la ruah, han dado su justo lugar a las intenciones tiránicas del ser humano. El sábado y el año sabático, junto con el descanso de la tierra, han rescatado la necesidad de las justas relaciones con la naturaleza y con los pobres.

El texto del Diluvio es fascinante, es un remanente de esperanza para la Tierra misma, pues antes de la elección de un pueblo (el de Abraham) YHWH hace una elección por la Tierra y todo lo que la habita, pues todavía y en el culmen de la generación del Cosmos, cuando la vida recién creada está a punto de extinguirse por la acción humana, Dios sale a su encuentro salvador por medio de la alianza unilateral de no volver a destruir la tierra por causa de la maldad humana. Esto se sustenta a partir de los textos Gn 8,20-22 y 9,8-17. Es decir, hoy la tierra sufre la maldad humana y por ella todo lo que la contiene -incluido el ser humano- corre riesgo, se hace necesaria la interpretación en clave ecoteológica de la Alianza divina universal postdiluviana, que promete un cielo nuevo y una tierra nueva, para lograr la iglesia cósmica de relaciones justas y dignificantes para con la tierra y los menos favorecidos. Los texto Gn 8,20-22; 9,8-17, la conclusión del gran bloque Gn 1-9, que trata del origen y de la generación del mundo, contienen la alianza Dios – Ser Humano – Cosmos, alianza que en la Escritura se halla previa a la elección-alianza de un determinado pueblo por parte de YHWH. Esta primera alianza, unilateral y cósmica, trasciende, no solo las fronteras étnicas, culturales o religiosas, sino que incluye la Creación, víctima del obrar humano, como beneficiaria de la salvación. Su paralelo con relatos extrabíblicos le imprimen una riqueza intercultural, su contexto ubicado en el exilio le vincula con el sometimiento y la derrota que vive el pueblo sin tierra, su relación con el relato de la creación (y conclusión de ésta) es el anuncio de un nuevo inicio, el retorno a la creación original, “buena” como la quiso el Creador. Se trata pues de un trabajo que propone, a partir de dichos textos, las justas relaciones del hombre para con la Creación, la solidaridad mutua en el sufrimiento pero también en la salvación, el compartir del ser humano y del cosmos, de un mismo origen y destino. Aunque no se ha encontrado aún un desarrollo del epílogo de la gran primera parte del Génesis con respecto al tema de la presente reflexión, presenta una oportunidad invaluable para concienciar en torno a la Alianza de Dios con toda la Creación y la promesa de YHWH de no volver a atentar contra el Cosmos por causa de la maldad humana.

Se ha abordado, también significativamente, la relación tierra-liberación desde el libro del Éxodo, principalmente por la Teología de la Liberación. Las relaciones de dominación-opresión y la esperanza en la posesión de la tierra, iluminan de manera especial la situación de desplazamiento y lucha por la tierra ante el dominio transnacional y monopolizador que sufre el Sur, subyugado a la pobreza y a la miseria. Sin embargo, lo que aún falta por trabajar es toda la cosmología y acompañamiento de la creación en el proceso liberador pues, el libro del Éxodo muestra un cosmos que acompaña la pascua, que protesta la esclavitud, la injusticia y la opresión, que favorece la huida de la esclavitud y el camino de la liberación con la participación del mar, que acompaña el difícil paso por el desierto, convirtiéndose la creación en signo de la presencia de Dios que guía los pasos de la liberación de la opresión; también la montaña se convierte en el signo máximo de la comunicación con Dios, de la donación de su palabra y del sellamiento del pacto, de la realización de la Alianza.[31] De otro lado, es necesario rescatar la necesidad de que todo ser descanse, incluida la tierra,[32] que también halla su fundamento en el mandato bíblico.

Los códigos veterotestamentarios,[33] por su parte, ofrecen una posibilidad de interpretación en la actual relación oprimidos-tierra, por medio de la defensa de Dios al clamor de “los sin tierra”;[34] el no tener tierra era el elemento común que precisamente los hacía vulnerables a los vejámenes de la sociedad, a la indigencia, a la muerte.[35] Viuda, huérfano y extranjero son también sujetos de la acción salvadora de YHWH en algunos profetas.

Profetas, como Amós por su ser campesino (pastor y cultivador) y por denunciar las injusticias de los poderosos, ha tenido un tratamiento especial en la exégesis ecoteológica de la liberación. Sin embargo, otros profetas también están ligados a la tierra aunque el trabajo exegético en línea ecoteológica aún está por hacer: Elías, Isaías, Oseas, Sofonías, Jeremías, Nehemías.

Job tiene una riqueza especial para el tema del asunto y curiosamente no se halla suficiente producción exegética-ecológica al respecto. Aquí la tierra se manifiesta, clama (único lugar donde la tierra clama porque es víctima) por la violencia a la propia tierra y al hombre que la trabaja, lo que termina en una violencia que afecta a los dos. De otro lado, los capítulos 38-39 permiten toda una teología –no antropológica- de la Creación.

Aunque algunos salmos son representantes en el problema antropocéntrico,[36] otros (como Sal 19; 104) son toda una oportunidad para declarar la armonía utópica con el cosmos. También es un trabajo y una oportunidad por estudiar y proponer. La literatura sapiencial aporta su cuota a la reflexión, recuerda que la creación es obra de Dios, que es su sacramento, que toda ella habla de su Hacedor, que él la habita y que por medio de ella se hace presente en la vida humana.

Hay algunas sugerencias plausibles de ecoteología Paulina en medio de su doctrina cristológica y soteriológica. Sentencias como: “la creación espera ser liberada para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,19); “para que Dios sea todo en todo” (1Cor 15,27-28); “Cristo es todo en todos” (Col 3,11); “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y en la tierra” (Ef 1,3-11); “Cristo es primogénito de toda criatura y que Dios va a reconciliar por él todas las cosas en los cielos y en la tierra” (Col 1,15-20); “que los males que atormentan a la humanidad se deben al dinero” (1Tim 6,10); esto, y más, son evidencias de una cristología y soteriología cosmológicas que aún está por investigar.

Por su parte, en el último libro de la Biblia, se describe cómo el cosmos sufre en sus propias entrañas la terrible opresión; el escenario de muerte y de tortura que el Imperio Romano imprimía sobre la naciente Iglesia es recreado con una fuerte participación de dolor por parte del Cosmos. La tarea de interpretar el Apocalipsis en clave ecoteológica aún está por trabajar: la tierra tiembla, el sol se pone negro, la luna como sangre, las estrellas se caen, el cielo desaparece, los montes y las islas son removidos,[37] todo como consecuencia de la crueldad humana, del azote del poderoso sobre el oprimido. Mas hay esperanza: “un cielo nuevo y una tierra nueva”[38] son la escatología prometida por la humanidad, pero también por el cosmos, que no verá su paz sin la justicia humana. Sin embargo este trabajo también está por realizar.

La Sagrada Escritura posee, en síntesis, toda una Palabra de Vida qué decir en medio de los signos de los tiempos que azotan al planeta y sus habitantes, los hijos de Dios y, de forma más cruel, a los menos favorecidos. Sea el momento propicio para realizar toda una apuesta por entresacar esa Palabra contenida en medio de las letras, de las palabras y hacerlas Reino por la vida que viene de Dios.

Una lectura atenta de la Sagrada Escritura, permitirá comprender la permeabilidad del Cosmos en la historia de la Salvación y en la Revelación, la mediación que cumple la Creación a la hora del encuentro con Dios, al momento de comprenderle, de entender su grandeza y misericordia; por la interacción con la tierra se entiende el don de la vida, la grandeza, la justicia, la misericordia, la elección, la presencia. Los destinos del ser humano y la creación son inseparables, la Creación es cómplice en la búsqueda de Dios pero es víctima de la maldad humana; ella es fiel en el deseo de salvación, es parte integral de la Alianza. No es permitible que el teólogo deje pasar esta oportunidad de interpretar los designios salvíficos de Dios, que se dice en su Palabra, para estos contextos que lo necesitan. Ser humano y Cosmos levantan la voz al teólogo para que cumpla su tarea y vocación, y descifre la palabra de vida en medio de realidades de muerte.

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[1] Se trata de un “trastorno grave” sobre la vida del planeta de afectaciones catastróficas globales.

[2] Homo comparte la raíz con la palabra humus, que significa tierra; se trata de la creencia de la procedencia del hombre de ella. Así también el nombre Adán (Adamah), nombre del primer hombre según el relato bíblico, significa tierra fértil. Así las cosas, se entiende que el hombre es tierra, pero es además tierra fértil, y de ella proviene; su vínculo con la tierra es natural, vital, dependiente, “genético”.

[3] Los anteriores cinco cataclismos que ha sufrido el planeta Tierra han sido de orden natural y han provocado la extinción del 99% de las especies que han habitado este planeta desde que tiene vida en él hace aproximadamente 4.500 millones de años:

  1. Hace 570 millones de años (periodo Cámbrico): menos 80% de las especies
  2. Hace 245 millones de años (periodo Pérmico Triásico): menos 75% al 95% de las especies
  3. Hace 67 millones de años (Periodo Cretácico): menos 65% de las especies
  4. Hace 730.000 años (Periodo Pleistoceno): Extinción de un gran número de especies no determinada.
  5. Hace 17 a 12.000 años (glaciación): menos 50% al 75% de las especies animales

Quedan aproximadamente el 1% de los millones de especies que habitaban la tierra desde el comienzo de la vida. Todas causas naturales. Cfr. Boff, “La Tierra como Gaia: un desafío ético y espiritual”, 360.

[4] “Hagamos…” Cfr. Gn 1,26a.

[5] “Y los bendijo Dios con estas palabras…” Cfr. Gn 1,28a.

[6] Con el carácter de responsabilidad que le significa en la lengua hebrea.

[7] Cfr. Gn 6,5.11-13.

[8] Cfr. Op. Cit. Boff, “La Tierra como Gaia: un desafío ético y espiritual”, 361. También Cfr. Boff, “Ecología, Política, Teología y Mística”, 119-122.

[9] Entre 1500 y 1850: menos 1 especie cada 10 años (35 especies); entre 1850 y 1950: menos 1 especie cada año (100 especies);  en 1990: menos 10 especies cada día (3650 especies); en 2000: menos 1 especie cada hora (8760 especies).

[10] Solamente en Colombia tenemos muchos ejemplos. La Hidroeléctrica en el Quimbo no sólo destruirá el ecosistema de 842 hectáreas, sino que ha causado el desplazamiento y la aniquilación al sustento de miles de familias campesinas e indígenas de las regiones afectadas. Otro ejemplo es el de la “Colombia Hardwood” de REM Forest Products, que deforesta Bahía Solano, Juradó, y la Serranía del Baudó para exportar a China madera durante 15 años; se trata de más de cinco millones de metros cúbicos de las maderas más finas del Chocó: algarrobo, sande, cedro amargo, bálsamo, caimito, chanul y virola; de la mano con el daño medioambiental y exportación de los recursos, se evidencia el daño social, pues donde la empresa corta su primer millón de metros cúbicos (44.596 hectáreas), viven 18 comunidades compuesta por 1329 familias (aproximadamente 5846 personas). Habría que decir más de multinacionales como Pacific Rubiales Energy, Medoro Resources, Alange Corp, Gran Colombia Gold, etc.

[11] Aunque oikos corresponde a la raíz griega para casa (eco-logía, eco-nomía), la intención es ir superando los términos y concepciones utilitaristas y “objetizantes” de la creación.

[12] La confusión o equiparamiento de Desarrollo con Crecimiento ha llevado a malentender que para Desarrollarse es necesario crecer (Crecimiento), cuando en realidad, en lugar de verdadero desarrollo, las naciones y las potencias lo que han impulsado es el crecimiento como muy bien lo explica Manfred Max-Neef, en su conferencia “El mundo en rumbo de Colisión” Cfr. http://blip.tv/universidad-internacional-de-andalucia/manfred-max-neef-el-mundo-en-rumbo-de-colision-2970838  (Capturado en noviembre de 2013)

Si se tratara de Desarrollo, y más aún “Sostenible”, de debería entender como un verdadero desarrollo inclusivo, respetuoso, dignificante para todas las partes y para el entorno.

[13] Cfr. Acosta Richard, “Ecoteología”, la opción por la Tierra como lugar Teológico. En http://www.amerindiaenlared.org/biblioteca/339/ecoteologia-la-opcion-por-la-tierra-como-lugar-teologico/. Capturado en septiembre de 2013.

[14] González, “Orden Mundial y liberación”. Si se pretendiera para toda la raza humana un nivel de calidad de vida propio tan solo de la clase media, el planeta simplemente colapsaría, se necesitaría más de cuatro planetas como éste para lograrlo “por cuando no hay recursos materiales en la tierra para que todos los países alcanzaran el mismo nivel de producción y de consumo, usufructuado hoy por los países llamados ricos, cuya población no alcanza el 25 % de la humanidad.” Ellacuría, “Utopía y profetismo”, 406-407.

[15] מִרְדָּה (mirdâ) y  כָּבַשׁ (k’bash) respectivamente en Gn 1.

[16] Cfr. Lonergan, Método en teología, 9.

[17] Cfr. Tillich, Teología sistemática I, 15.

[18] “La acción de Dios está oculta a todas las miradas, excepto a los ojos de la fe [en los acontecimiento llamados naturales, profanos, mundanos, visibles a todos los hombres] Es dentro de ellos donde se ejerce la acción oculta de Dios.” Bultmann, Jesucristo y mitología, 85.

[19] Acerca de la no pertinencia Cfr. Boff, Teología de lo Político, 143-149.

[20] Las relaciones justas para con los demás depender de las relaciones justas para con el planeta y viceversa, si se quiere lograr la paz se tendrá que proteger la creación. Cfr. Benedicto XVI, Jornada Mundial de la Paz 2010.

[21] En otro artículo, posterior a éste, sustento la tarea de la Ecoteología como Teología de la Liberación.

[22] Cfr. Tamayo-Acosta, Juan. Nuevo paradigma teológico. Madrid. Editorial Trotta. 2004.

[23] Boff, Las 4 ecologías.

[24] Cfr. Ibid. Acosta Richard, “Ecoteología, La opción por la Tierra como lugar teológico”.

[25] Cfr. Hb 4, 12

[26] Dios no habla solo a través de las letras escritas en el Libro Sagrado, sino también “ente” líneas, en los espacios de silencios que hay entre ellas y detrás de ellas.

[27] Es necesario acotar, que no solo desde la Sagrada Escritura la ecoteología encuentra un respaldo y sintonía en la opción realizada por la teología latinoamericana de la liberación sino que también tiene su oportunidad de diálogo y de complemento en otras formas del quehacer teológico. Sucede, por ejemplo, en el diálogo interreligioso como lo ha hecho Marcial Maçaneiro en su ponencia Religiões, ecologia e sustentabilidade, realizada en el XXI Congreso de la SOTER, en Bello Horizonte – MG, Brasil en 2008, donde plantea 7 tareas ecológicas de las religiones; también Tamayo, “A ecologia como lugar de encontro no diálogo inter-religioso”, 111 – 123., con toda la rica reflexión y enseñanza de la que se puede beber de las diversas teologías de otras religiones y de su forma de entender y pensar el tema medioambiental; pero no sólo las grandes religiones aportan en la conciencia ecológica, las formas religiosas animistas precolombinas de América Latina tienen un aporte sumamente rico en este sentido, se hace menester rescatar esta riqueza espiritual de las religiosidades indígenas, el respeto por el medio ambiente, el origen del ser humano de la tierra, la relación armónica con el cosmos, el sentido de amor por la madre de todo “Pacha mama”, y relatos cosmogónicos.

[28] “… y vio Dios que estaba bien”: Gn 1,4; 1,10; 1,12; 1,18; 1,21; 1,25; 1,31, sentencia que se pronuncia siete veces en medio del ordenamiento del cosmos, con lo que implica la simbología del número siete.

[29] מִרְדָּה (mirdâ): RDH: mandar, dominar; en el Oriente Antiguo se comprende por ser este contexto de riesgo inminente ante las bestias. כָּבַשׁ (k’bash): KBS: someter; perteneciente al contexto de destierro babilónico. Aquí estas palabras  se emplean pero a imagen y semejanza de Dios, es decir, se trata de un  mandar, dominar y someter bajo la perspectiva de la responsabilidad, su carácter es administrativo no aniquilador.

[30] “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en…Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en…” Gn 1, 26-27.

[31] Cfr. Ex 7, 14 – 10, 29.

[32] “Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto; al séptimo la dejarás descansar y en barbecho, para que coman lo pobres de tu pueblo, y lo que quede lo comerán los animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu olivar. Seis días harás tus trabajos, y el séptimo descansarás, para que reposen tu buey y tu asno, y tengan un respiro el hijo de ti sierva y el forastero.” (Ex 23, 10-12).

[33] de la Alianza (Ex 20, 21 – 23,19), del Deuteronomio (Dt 12-26) y de Santidad (Lv 17-26), recuerdan al teólogo que el cumplimiento de la alianza y el ejercicio de la justicia radican en la atención a la población más vulnerable y desamparada, en estos casos a la viuda, al huérfano y al extranjero.

[34] la viuda y el huérfano no la podían heredar la tierra del cabeza de familia, el extranjero no la podía tener pues era solo para el ciudadano israelita

[35] Cfr. Acosta, Justicia y Reino de los Cielos en las Bienaventuranzas de Mateo, 29-47.

[36] Cfr. Sal 8.

[37] Cfr. Ap 6, 12-14.

[38] Cfr. Ap 21, 1.





Ética Profesional del Ingeniero

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Una lectura medioambiental de la ética del Ingeniero





6 06 2012

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6 06 2012

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Aquí encontrarán reflexiones acerca de Teología, Ecoteología y Sagrada Escritura desde una perspectiva liberadora y actualizante. Espero que las mociones y aportes que desde este espacio se puedan suscitar contribuyan a reestablecer las relaciones humanas y planetarias urgentes para este tiempo y sensibilicen a la vez en la consecusión de una sociedad justa.