BIENAVENTURANZAS, JUSTICIA Y REINO DE LOS CIELOS

1 10 2015

Por: Richard Acosta Rodríguez

MOTIVACIÓN
• La multiplicidad de las manifestaciones de injusticia para con el menos favorecido: Indigencia, miseria, sufrimiento, exclusión, marginación, desequilibrio, indiferencia: Signos de NO REINO.

• La vigencia del Evangelio que debe iluminar la eliminación de estructuras sociales de pecado: Parámetros, conductas o criterios de acción para enriquecer la praxis en favor del más necesitado y evidenciar la realidad del Reino.

OBJETIVOS
• Descubrir en las Bienaventuranzas de Mateo la síntesis del mensaje de Jesús y las conductas éticas necesarias para que el reino de los cielos y la justicia sean realidad en medio de la sociedad.
• Demostrar en las Bienaventuranzas la Justicia como camino del Reino.

LAS BIENAVENTURANZAS SON LA INTERPRETACIÓN DE LA TORÁ DEL SINAÍ

El acontecimiento del monte es la interpretación escatológico-definitiva de la Torá, y por tanto sobrepasa el acontecimiento del Sinaí. En aquél se descubre el auténtico significado de éste. Se establece con claridad una referencia antitética entre la torah del Sinaí y la didakhe de Jesús. Él con las Bienaventuranzas, y con el Discurso Evangélico, enseña a comprender verdaderamente la ley, requisito para permanecer en alianza con Dios. El monte es el nuevo Sinaí, lugar de la presencia de Dios, donde se reúne el nuevo pueblo para recibir la enseñanza de su voluntad.

Autores, como Jean Louis Ska, no ven el Discurso Evangélico como relectura del Sinaí ni a Jesús como el nuevo Moisés, sino el Sermón de la Montaña como una relectura de la tierra prometida y a Jesús como el nuevo Josué.

PARALELISMO JESÚS – EXPERIENCIA DEL PUEBLO

Acontecimiento Jesús Éxodo
A Egipto 2,13-14 Gn 46-47
Matanza 2,16-18 Ex 1,22
Salida de Egipto 2,20 Ex 4,19
Tentaciones en el desierto 4,1-11 Num 14,33; Dt 8,2; 29,5; Sal 95,10; Am 2,10.
Jordán (Paso del desierto a la tierra Prometida) 3,13-17 Jos 3-4
Tierra Prometida 5-7 (Sermón del Monte) Ex 19-24

Sin embargo:
 Los textos del inicio del evangelio de Mateo no tienen correspondencia
 La familia de Jesús se instala en Nazaret (¿Debió ser en Judea?)
 Pasajes que interrumpen la secuencia – se adelantan al sermón (Tierra Prometida)
 El desierto en Mateo está después del Jordán

ESTRUCTURA DEL TEXTO DE LAS BIENAVENTURANZAS (Mt 5,3-12)

3 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
reino de los cielos.

4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. (P)
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. (A)
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos
serán saciados. (P)

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. (P)
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (A)
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios. (P)

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos

LAS BIENAVENTURANZAS SON EL MARCO NARRATIVO DE LA PREDICACIÓN DE JESÚS

 Jesús exige en las Bienaventuranzas (y el Discurso Evangélico en general) una justicia que supere la de los maestros de la ley, que tenga como centro a los desdichados de la sociedad.
 Las Bienaventuranzas son el marco narrativo de la interpretación de la ley, pues con ellas Jesucristo instituye e inaugura un nuevo y definitivo orden social: el divino.

LAS BIENAVENTURANZAS CONSTITUYEN EL EXORDIO DE LA BUENA NUEVA

 Introducción, no sólo al Discurso Evangélico, sino a toda la enseñanza del Maestro
 Enseña la justicia como camino para heredar el reino de los cielos
 Actitudes que conducirán a la sociedad a la plenitud del reino de los cielos

BIENAVENTURANZAS: UNA PROPUESTA SOCIAL

 “Camino de justicia” como requisito para una nueva ordenación social
 Cada una de las sentencias de las Bienaventuranzas hacen que dicho orden sea contraste
 Cristo inaugura una humanidad nueva, la de la nueva alianza
 La contrasociedad proclamada en las bienaventuranzas, exige de la Iglesia la vivencia física, total y social de la justicia escatológica de Dios encarnada en Jesús

BIENAVENTURANZAS HOY

1. “Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos.”
Para Mateo –como se dijo más arriba- quienes tienen espíritu de pobre son “los que ponen su confianza no en los bienes materiales sino en Dios”, mientras que con la expresión reino de los cielos quiere significar el gobierno de Dios, entendido éste, como la felicidad plena de la presencia de Dios que se construye desde ahora. En otras palabras, la bienaventuranza se podría leer: Felices los que no ponen su confianza sino en Dios, porque de ellos es la felicidad de su reino.

Esta afirmación podría empezar a perfilar un significado renovado de la justicia cristiana pues, con su comprensión y vivencia, se lograría la promoción y dignificación de la persona humana según la voluntad de Dios, se comenzaría a hacer realidad el reino que Jesús inauguró; es decir, una sociedad donde los bienes son medio –no el fin- de realización; donde la “felicidad” está fundada en la esperanza de vivir en fraternidad, en comunión con la voluntad de Dios.

La seguridad de que la promesa del reino de los cielos se hará realidad, se funda en que Dios hará efectivo lo que Jesús promete. Cuando Jesús dice “es”, el futuro reino se hace presente ya para los bienaventurados, para los pobres. La autoridad de Dios respalda a Jesús, sin ella todo cuanto éste dice carece de sentido. “Quien es capaz de escuchar la promesa de Jesús, abandona toda confianza no sólo en la riqueza externa, sino la arrogancia espiritual de los fariseos y de los sacerdotes (3,7s).”

Con la internalización de esta bienaventuranza en el corazón de los seguidores de Cristo, nace una sociedad nueva, que, como Dios, “detesta” la pobreza y lucha por eliminarla de la sociedad; son una nueva generación de hombres y mujeres configurados con la voluntad de Dios, que optan por ser pobres (el no apego a lo material), por la solidaridad con el menos favorecido, por el indigente, el marginado, el desplazado de una sociedad que va en contravía al querer de Dios.

2. “Dichosos los que sufren, porque serán consolados.”
Todo el contenido de las Bienaventuranzas gira en torno a los temas de la justicia y el reino de los cielos; sin embargo, cabe decir algo de cada una de las promesas de felicidad que se encuentran en su interior. Efectivamente, aquí se señala la felicidad que causa la presencia de Jesús en aquellos que sufren; en Cristo se supera toda forma de llanto y no sólo el físico (Is 61,1-2). Mateo, como Isaías, espera el consuelo de Dios mismo y dicho consuelo se hace realidad en la promesa de Jesús. Quien sufre y confía en Yhwh, puede tener la seguridad de que Dios mismo le dará consuelo y eso es posible por la presencia del Mesías en la historia humana.

3. “Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida.”
El vocablo “humilde” designa a su vez algo “pequeño”, “bajo”, “impotente”, incluso “pobre”, y éstos son quienes heredarán la tierra prometida. Podría decirse que los protagonistas de las bienaventuranzas anteriores –los pobres y los sufrientes-, están representados también aquí, ellos se ajustan perfectamente al adjetivo “humilde”, y para ellos es la tierra prometida.

El pensamiento judío entiende la promesa de poseer la tierra en primer lugar como la posesión de Canaán (Gn 17,8) y, posteriormente, como la posesión de la tierra entera; ésta se convertirá algún día en el lugar del reino de Dios. Su espera consiste en un reino terrenal en el que Dios mismo gobierna y todos los pueblos sirven a Israel. Para el cristiano, “la tierra prometida” se refiere también al reino, con la diferencia que para ellos el reino se hace realidad en Jesucristo, a quien se “ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18) y a quien enseña en el monte a pedir que se haga la voluntad del Padre en el cielo y en la tierra (6,10). La “tierra prometida” de la presente bienaventuranza guarda estrecha relación con la imagen del reino de los cielos escatológico que se comienza a vivir en la comunidad que vive atenta los requisitos del Hijo de Dios.

4. “Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos.”
Esta bienaventuranza es paralela a expresiones de esperanza relativas a la restauración del dominio de Dios en el pueblo de Israel encontradas en Isaías, especialmente en 49,10. La celebración de la restauración del reinado de Dios se presenta como una invitación de Cristo a quienes tienen hambre y sed, para que vengan al banquete de celebración con ocasión del cual se transfiere al pueblo la “alianza eterna” hecha con David (Is 55,3-5). Se trata de una alusión al banquete escatológico donde tendrán parte quienes tuvieron hambre y sed de justicia; y serán saciados con la justicia, es decir, con la voluntad de Dios. La recompensa se da aquí y aquí se inaugura, en lo cotidiano, pero también en la presencia de Dios, donde se plenifica.

Por lo demás, es importante dar solución al hambre “física” de los hombres, tal vez procurar una vida digna para los menos favorecidos, para quienes viven en la opresión y la miseria, subsanar en algo los problemas de justicia que se anquilosan en medio de la sociedad; pero es necesario ir más allá y saciar primero el “hambre y sed de justicia” como prerrequisito, para saciar el hambre y la sed físicas. El cambio de actitud que promueva la acción se hace urgente. Quienes tienen “hambre y sed de justicia” son los que aguardan la justicia de Dios –el cumplimiento de las promesas del restablecimiento del pueblo en libertad y prosperidad (Is 45,13; 42,6.21)– y actúan para que efectivamente así sea. A quienes buscan la justicia del Señor se les asegura que están llegando velozmente, y que los fieles de Dios quedarán vindicados. Serán saciados.

Si bien el evangelio ataca sistemas que favorecen el hambre y sed físicas, sobre todo va a la raíz del problema, porque tener hambre y sed de justicia equivale a tener hambre y sed de asumir la voluntad de Dios, y su voluntad va en franca contravía a la realidad de pobreza, explotación, usura, opresión… Quien tiene hambre y sed de justicia puede estar feliz ahora, porque Cristo acompaña su lucha, porque Dios le saciará por medio de la realidad del reino, donde la justicia se sobrepone a todo signo de injusticia. Los discípulos deben tomar conciencia de que todo su obrar es voluntad de Dios, de lo contrario, el reino de los cielos no se hace presente.

5 “Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.”
La compasión no se entiende como asistencialismo ni como la mirada doliente del espectador lejano sobre el espectáculo del que sufre. La compasión es acción para con el menos favorecido de la sociedad, se entiende también como misericordia. Para Mateo es importante dejar claro que Dios no tendrá compasión de aquellos que tampoco la tienen para los demás. De igual forma, se entiende que la compasión del cristiano triunfa sobre el juicio de Dios porque él se muestra compasivo de quien se deja tocar por la relidad doliente y lucha por transformarla en signos del reino.

6. “Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.”
Es claro que Mateo insiste en sobreponer la limpieza de corazón sobre la “pureza” externa propia del ritualismo judío fiel a las disposiciones veterotestamentarias. El Jesús de Mateo exige la pureza de corazón en contraposición a la simple limpieza cúltica. Se entiende el corazón puro como la recta actitud del que nada tiene que ver con el mal y no pretende engañar al prójimo. “Por consiguiente, el corazón no es sólo la sede de los sentimientos, sino también el lugar más íntimo desde el que se configura toda la vida.” Las acciones del cristiano, así sean de piedad, carecen de sentido si no van acompañadas de disposiciones de corazón, de fe, de caridad.

Ver a Dios debe ser para Mateo de trascendental importancia, pues sólo el hecho de mencionar a Dios constituye toda una novedad si se recuerda que siempre, según la costumbre judía, hace referencia a Dios de forma velada. “Ver a Dios tal como es constituye la insuperable consumación de lo que la fe espera (1Jn 3,2).

7. “Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.”
No se trata aquí de los “pacíficos” sino de los “hacedores de paz”. “En el judaísmo de los tiempos de Jesús, la exhortación a convertirse en pacificador reviste la importancia que el mandamiento de amar al prójimo detentará en el nuevo testamento. […] ¡Paz! (Shalom) es la expresión que se utiliza para el saludo diario. Con ella se parafraseaba la salvación ya en el antiguo testamento. El que tiene paz, está salvado.” Para el Antiguo Testamento Shalom expresa todo aquello que sirve al hombre y agrada a Dios; es anunciada por los profetas en los tiempos de dificultad, y alcanzará su plenitud en el tiempo escatológico. Los seguidores de Cristo se esfuerzan por difundir la paz en el mundo, de esta forma, la paz habitará siempre en el seno de la comunidad y el corazón del cristiano.

Que el pacificador podrá ser llamado hijo de Dios constituye un regalo que está reservado para la vida eterna, sin embargo, el dicho del amor al enemigo (Mt 5,45) sostiene que dicho regalo opera allí donde la persona se entrega por completo a la voluntad de Dios y se hace semejante a él en su forma de actuar.

8. “Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos.”
La misma recompensa prometida a quienes tienen espíritu de pobre de la primera bienaventuranza se aplica ahora para quienes son perseguidos por hacer lo que es justo: “Porque de ellos es el reino de los cielos” (5,3.10). De esto se puede decir: quienes confían plenamente en Dios y también quienes son perseguidos por hacer su voluntad tendrán en propiedad el reino de los cielos.

Los temas de la justicia y la recompensa del reino de los cielos, abren y cierran el texto de las bienaventuranzas. La felicidad que Cristo anuncia, parte así, del cumplimiento de la voluntad de Dios, de su alianza, de la caridad fraterna, y culmina en la realización de una humanidad nueva que vive en la presencia de Dios. “Alégrense, estén contentos” (3,12) es el estribillo de cierre y que expresa la alegría y el gozo de vivir en relación de alianza bajo el dominio de Dios.

Pero “hacer lo que es justo” no es un camino de paz y tranquilidad, es un camino de persecución, incomprensión, rechazo; pues lo que es justo, la voluntad de Dios, puede para muchos significar el desmonte de grandes imperios, el reconocimiento de estructuras de pecado y exclusión, la aceptación de que se está oprimiendo al propio hermano. De ahí la recompensa tan grande, ella sólo será el resultado de “hacer lo que es justo”; el reino de los cielos no llegará mientras prevalezca la injusticia institucionalizada.

El sí de Dios va a los que dependen de él y a los que esperan en él; ese sí se hace realidad en la afirmación autorizada de Jesús, aunque la realización visible de la promesa compete exclusivamente a Dios y se convertirá en realidad en la venida de su reino. “La acción propia de Dios traerá el reino, consuelo, herencia, saciedad. Pero Jesús, con la plena autoridad de Dios, promete ya hoy lo que sucederá en otro momento a aquel que esté dispuesto a prestar oído a su palabra y permite que ella fructifique.”

Bibliografía

ACOSTA, Richard. JUSTICIA Y REINO DE LOS CIELOS EN LAS BIENAVENTURANZAS DE MATEO. Javegraf. Bogotá. 2007.

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