JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS, Perspectiva Bíblica

2 06 2015
  • Motivación

La motivación de esta breve ponencia es doble; por un lado, la multiplicidad de las manifestaciones de injusticia, evidenciadas en Desplazamiento o movilidad forzada, sufrimiento, exclusión, marginación, engaño e indiferencia, no pocas veces acompañadas de Indigencia, miseria. En fin por los Signos de NO REINO.

De otro lado, se halla la vigencia de la Sagrada Escritura, en especial el Evangelio, que debe poder iluminar la eliminación de dichas estructuras sociales de pecado: ¿Podremos encontrar en ella y él, parámetros, conductas o criterios de acción para enriquecer la praxis en favor de las víctimas y evidenciar la realidad del Reino presente?

  • Justicia en el Antiguo Testamento

La noción de justicia es, con toda seguridad, una idea clave en la existencia humana. De igual forma, en la Biblia, es un tema determinante para comprender la experiencia religiosa del pueblo de Dios y la forma de interacción entre las personas. La vivencia que de la justicia se pueda tener, influye de manera significativa en la propia experiencia de Dios.

Expresiones como “era la voluntad de Dios esta tragedia”, “por algo Dios lo hace sufrir”, “¿Por qué Dios me pondrá estas pruebas?”, entre otras donde se le asigna a Dios la desgracia o el sufrimiento de las personas, demuestran la tendencia a comprender a Dios en parámetros de “justicia”, y de una que consiste en dar a cada cual lo que le corresponde o se merece. Debo decir con VERKINDÈRE: “los hombres unen estrechamente a la experiencia de la justicia su noción de Dios, hasta el punto de que la experiencia de la enormidad de las injusticias conduce a muchos hombres a negar a Dios […] muchas veces Dios puede ser reducido a las concepciones demasiado humanas de la justicia.”[1] Efectivamente el tema de la justicia va de la mano con el de la voluntad de Dios; pero es necesaria la tarea de aclarar y purificar la noción que se posee del concepto justicia.

La palabra justicia puede ser relacionada fácilmente con juicio, sin embargo, debe quedar claro que en el Antiguo Testamento ha de ser entendida según la mentalidad hebraica, pero no únicamente como un conjunto de normas objetivas sino como un concepto relacional; no ha de entenderse como la aplicación imparcial de las leyes formales de Yhwh; es más bien “una de las manifestaciones de la fidelidad amorosa de Dios a su alianza”,[2] la conducta recta de Dios, pero también de los hombres; el cumplimiento de deberes y derechos, pero éstos como resultantes de la relación de la comunidad con Dios y entre sus miembros y no como realidades abstractas.

Se puede hablar de la justicia de Yhwh, en su comportamiento justo que salvaguarda la ley en el pueblo y lo protege proporcionándole victorias sobre sus enemigos (los triunfos militares de Israel son prueba de la justicia de Yhwh); y también de la justicia de Israel como pueblo, cuando éste es fiel a la alianza y sus preceptos; gracias a su fidelidad, Israel puede contar con la intervención divina en todos los peligros a que se vea enfrentado.

La justicia, de todas formas, será en adelante una forma de vida, de fidelidad a una relación de comunión concreta, de asumir la voluntad de Dios (contenida en la Ley). La forma de evidenciar esta fidelidad, el cumplimiento de la Alianza, es decir, la vivencia de la justicia, se halla en los diferentes códigos veterotestamentarios.

Código de la alianza (Ex 20,21-23,19)

El Código de la Alianza legisla explícitamente la protección de las clases más débiles. Hacer justicia –por parte del pueblo- es cumplir la voluntad de Yhwh, y allí su voluntad se muestra a favor de: “la viuda, el huérfano y el extranjero” (Quienes no poseen tierra). El no poseer tierra es la más clara forma de vulnerabilidad; es el susceptible de ser explotado o marginado.

 

Y es en medio de las prescripciones de justicia para con Dios, que aparecen otras de corte social; la fidelidad a YHWH es incompleta si no se pasa por la fidelidad al otro, y al otro que sufre.

  • Código de la alianza (Ex 20,21-23,19)

            20,21-26  Contra la idolatría

            21,1

                             Primera parte:

                             16 mandatos

                                                                                            Código de la Alianza:

            22,19                                                              Leyes que regulan la vida

            22,20                                                              social.

                             Segunda Parte:                              Inclusión: normas cultuales

                             Inclusión de corte social

                             Tema central: Justicia Social

                             Centro: prescripciones cultuales

            23,9

23, 13-19 Contra la idolatría

“No maltrates ni oprimas al extranjero, porque ustedes también fueron extranjeros en Egipto” (Ex 22,21).

“No oprimas al extranjero, pues ustedes fueron extranjeros en Egipto y ya saben lo que es vivir en otro país” (Ex 23,9).

La justicia para con Dios incluye la consideración con aquel que está lejos de su patria, de su tierra, de su “lugar”. Se nota de esta forma un afán, al interior del pueblo de Israel, por conformar un pueblo justo, es decir, atento a cumplir la voluntad de Dios y que procura establecer una nueva sociedad, donde nadie sea oprimido ni marginado, donde al pobre se le trata con dignidad. El pueblo de Israel ha de ser en adelante luz de las naciones, pues de acuerdo a su memoria histórica, nadie (ni siquiera el extranjero), debe pasar nuevamente por el escarnio de la opresión en tierra extraña; Israel está llamado a ser la sociedad ideal, ejemplo para las demás, una sociedad contraste para con su pasado y las naciones contemporáneas, contraste porque vive en fidelidad a la alianza con Yhwh y con su hermano.

El objetivo de la alianza y la ley es lograr una comunidad que apela por la justicia social.

 

“Claramente he visto cómo sufre mi pueblo que está en Egipto.

Los he oído quejarse por culpa de sus capataces,

y sé muy bien lo que sufren.

Por eso he bajado, para salvarlos del poder de los egipcios…”

(Ex 3,7-8a)

  • Código deuteronómico (Dt 12-26)

Llama la atención la presencia de un sentido fuerte de responsabilidad social, sobre todo, porque nuevamente, de la mano a las disposiciones religiosas, se hallan otras de orden social; se acentúa nuevamente la idea de comprender la relación con Dios acompañada de las relaciones sociales, especialmente para con los más necesitados. Una relación de fidelidad a Yhwh con desconocimiento del hermano oprimido, no es coherente ni se puede entender. Es así como se comprende la fe de Israel (relación vertical) de la mano con el cumplimiento de las normas sociales (relación horizontal) para hacer manifiesta la presencia de Yhwh en medio del pueblo.

(1)                                              12,2-27: Leyes del santuario

(2) 12,29-13,19: Contra la idolatría

Aspectos                     (3) 14,2-21: Leyes de pureza

(4) 14,22-16,17: Obligaciones religiosas

Cultuales                                                “con responsabilidad social”

18        (5) 16,18-18,22: Constitución civil

18,15-22: Papel de Moisés y los profetas

relación ley-

don de la tierra

19        (6) 19,1-21: Normas relativas al homicidio

Asuntos                       (7) 20,1-21,14: Comportamiento en la guerra

Judiciales                    (8) 21,15-25,19: leyes varias

y seculares      26        (9)                                                 26,1-25: Ofrendas de

primicias y diezmos

Aquí el sujeto vulnerable es el hermano, y cuando se le presta ayuda al más necesitado, es al hermano a quien se está ayudando (15,7.9.11-12). Así, La justicia se convierte en el criterio de pertenencia al pueblo y requisito para ser alcanzado por las bendiciones de Yhwh, entre ellas, la de la posesión de la tierra (16,20).

 

  • Código de santidad (Lv 17-26)

Las expresiones del código que hacen referencia a la santidad del pueblo contienen una intención moral comunitaria, dado que exhorta al “cumplimiento intachable de las obligaciones sociales” como conducta que está de acuerdo con la santidad divina. Dichas obligaciones están contenidas en la ley, que son la voluntad de Yhwh.

Este código pone la medida del amor a sí mismo como la medida del amor al prójimo (Lv 19, 18b; cf. 19,3-4.10.12.14.16). Sin embargo, aquí, prójimo no halla su límite en el otro israelí (el hermano en el código deuteronómico) sino que abarca al no judío; trasciende las fronteras religiosas e incluye al extranjero que habita en Israel en el círculo de fraternidad.

 

Justicia en el Nuevo Testamento

Como corpus, la obra paulina es la que más hace mención de la palabra justicia; sin embargo, como libro, es el de Mateo el que tiene como centro los temas de la Justicia y el Reino. En él, el acontecimiento del monte es central: es la interpretación escatológico-definitiva de la Torá; y por tanto sobrepasa el acontecimiento del Sinaí. Jesús con las Bienaventuranzas, y con el Discurso Evangélico, enseña a comprender verdaderamente la ley, requisito para permanecer en alianza con Dios.

El monte es el nuevo Sinaí, lugar de la presencia de Dios, donde se reúne el nuevo pueblo para recibir la enseñanza de su voluntad.

Las bienaventuranzas son el marco narrativo de la predicación de Jesús

Del sermón de la montaña, el texto de las Bienaventuranzas constituyen el exordio. En ellas Jesús exige (y en el Discurso Evangélico en general) una justicia que supere la de los maestros de la ley, que tenga como centro a los desdichados de la sociedad.

Las Bienaventuranzas son el marco narrativo de la interpretación de la ley, pues con ellas Jesucristo instituye e inaugura un nuevo y definitivo orden social: el divino.

Bienaventuranzas: Palabra de Justicia y Reino

Y los temas fundamentales de la Bienaventuranzas son la Justicia y el Reino de los Cielos. Los v.v. 3 y 10, conforman la inclusión de la promesa presente del Reino para quienes obran, buscan y trabajan por la justicia. Cada Bienaventuranza que la contiene es la alegría de quienes ponen su esperanza en Dios en medio de las atrocidades del mundo, de un orden social descompuesto; cada recompensa es la promesa del Reino ahora (“de ellos es”), pero permeado por la justicia, es decir, por la fidelidad para con Dios (4-6) y el otro (7-9).

 

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el

reino de los cielos Å

4  Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierraÅ

6  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados Å

7  Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8  Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

9  Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque     de ellos es el reino de los Cielos

Las bienaventuranzas constituyen el exordio de la Buena Nueva

Las Bienaventuranzas enseñan la justicia como camino para heredar el Reino de los Cielos. En ellas se hallan las Actitudes que conducirán a la sociedad a la plenitud del Reino. Las víctimas de un orden social aberrante son felices en la medida que ponen su confianza en Dios, en que sufren con esperanza, pero también en la medida en que asumen una actitud de reconciliación y misericordia, trabajando por la paz. Ellos son los herederos del Reino, de la voluntad de Dios.

 

Bienaventuranzas: una propuesta social

Para concluir, resta insistir en el “Camino de justicia” como requisito para una nueva ordenación social. Pero no meramente dar a cada cual lo que le corresponde, sino con relaciones fraternas, con determinación por el otro, con el respeto por la dignidad de quien es imagen y semejanza de Dios.

Cada una de las sentencias de las Bienaventuranzas hacen que ese nuevo orden social sea contraste. La contrasociedad proclamada en las Bienaventuranzas, exige de la Iglesia la vivencia física, total y social de la paz escatológica de Dios encarnada en Jesús, pero ésta sólo se dará mediante un ordenamiento social distinto, uno basado en la no violencia. “La paz universal de los pueblos será posible cuando Dios levante en medio de los sistemas mundiales basados en la violencia un contrasistema cimentado en la no violencia.” (LOFHINK). Si acaso los profetas hablan de la construcción social de una realidad terrena, la comunidad mateana comprende perfectamente el sentido escatológico, ella entiende que vive ya en el nuevo eón, en medio del viejo: La Iglesia de Cristo es ya una nueva creación (cf. 2 Cor 5,17). “La paz de los pueblos prometida por Is-Miq se ha convertido en realidad social en la Iglesia.” Cristo inaugura una humanidad nueva, la de la nueva alianza. La contrasociedad proclamada en las bienaventuranzas, exige de la Iglesia la vivencia física, total y social de la justicia escatológica de Dios encarnada en Jesús

[1] VERKINDÈRE, Gérard. La Justicia en el Antiguo Testamento. Cuadernos Bíblicos N. 105. Verbo Divino.  Navarra. 2001. p. 5.

[2] EICHRODT, Walter. p. 219.

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